Mayo, el mes con más desaparecidos de la historia
Opinión de
Ayer se cumplieron tres semanas de que asesinaron a Ximena Guzmán y José Muñoz, altos funcionarios de todas las confianzas de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, la morenista Clara Brugada. Los mataron descaradamente: a plena luz del día, en hora pico, en una zona altamente transitada de la capital del país, esperándolos pacientemente, ejecutándolos de 12 balazos y huyendo sin contratiempos.
Tres semanas y las autoridades han sido incapaces de darnos ni un poco de luz sobre el avance de las investigaciones. ¿No saben nada o no les está gustando lo que están encontrando?
Según fuentes de primer nivel a las que tuve acceso, las primeras indagatorias sobre el doble asesinato están hurgando en los compromisos políticos que pudo haber adquirido Brugada durante su campaña, a cambio de apoyos y financiamiento de ciertos grupos con capacidad de venganza en caso de incumplimiento.
En todos los círculos morenistas era bien sabido que una de las víctimas del atroz asesinato, Ximena Guzmán, secretaria particular de Brugada, fungió en la campaña como operadora financiera de la candidata: era la que aceptaba los donativos por abajo del agua, que nunca llegan desinteresados. En los primeros pasos de la indagatoria, no agarró tracción la posibilidad de que detrás del doble asesinato estuviera alguna organización criminal de escala nacional. Más bien están en la mira grupos locales de las alcaldías más calientes de la capital. Quizá Iztapalapa. Quizá Gustavo A. Madero. ¿Se sabrá realmente qué pasó? Los radicales de Morena tienen todo el control de la investigación.
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