El Bestiario | El milagro del C5i: una golondrina no hace verano
Opinión de Edgar García Gallegos
La inversión total en la obra del Centro de Control, Comando, Comunicaciones, Cómputo, Coordinación e Inteligencia (C5i) en Tlaxcala fue de 293 millones de pesos, a los que se sumaron 100 millones más para la adquisición de nuevas cámaras. Este centro, inaugurado en mayo de 2023, fue presentado como el eje tecnológico del gobierno para fortalecer las estrategias de seguridad y combate a la delincuencia. Su infraestructura de vanguardia incluye un C5i Móvil y una torre remota de videovigilancia conectada al sistema principal.
Con ese nivel de gasto, cabría esperar que los resultados fueran frecuentes, contundentes y medibles. Pero hasta ahora, la realidad ha sido otra: escasa efectividad, muchas promesas y una narrativa construida más desde la conferencia que desde la calle. Hasta ahora.
Por primera vez desde su inauguración, el famoso C5i sirvió para algo más que justificar el gasto público: ayudó a capturar a cuatro sujetos que asaltaron con violencia a un ciudadano en la colonia La Joya, en la capital del estado. Se trató de un caso más de fraude con violencia, donde los criminales citaron a la víctima para una supuesta compra-venta de automóvil, lo amagaron con arma de fuego y huyeron. La diferencia esta vez: las cámaras sí los captaron, la policía sí reaccionó, y los responsables fueron detenidos en la caseta de la autopista rumbo a San Martín.
Sí, debemos reconocerlo. Este es un caso exitoso. Pero también exige una pregunta urgente: ¿por qué esto no ocurre más seguido? ¿Cuántas denuncias se archivan sin seguimiento, cuántas víctimas ni siquiera son captadas por las cámaras, cuántos asaltos más quedan en la impunidad?
Este operativo exitoso se siente como ese botón reluciente en una camisa desgarrada: llama la atención, pero no oculta el desastre. Mientras se presume esta captura, los casos recientes de violencia —como el empresario asesinado en Apetatatitlán, y sus captores huyendo en una motocicleta que no corre a más de 60 kilómetros por hora, y la falta de respuesta oportuna ante emergencias— revelan que el miedo sigue gobernando las calles.
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