DE FRENTE… “Mentiras, plazas y traiciones: el verdadero rostro de Homero Meneses”
Opinión de Yazmín Calderón
¿Quién dijo que los Secretarios de Educación Pública predican con el ejemplo? En Tlaxcala, al menos, la educación cívica, la ética y el respeto no llegan a la oficina de Homero Meneses Hernández. ¿Cómo exigirles a los niños y niñas que sean tolerantes, cuando su Secretario reparte adjetivos como si estuviera en una cantina?
Desde su cómoda silla en SEPE‑USET —y con cargo al erario, claro— Meneses ha emprendido una cruzada no por elevar el nivel educativo, sino por denostar, insultar y provocar odio desde su cuenta institucional de Facebook. Uno de sus blancos más recientes ha sido el periodista Edgardo Cabrera, director de Gente Tlax, quien ha tenido la osadía de hacer lo que todo buen periodista: incomodar al poder.
Homero no lo toleró. En lugar de responder con argumentos, decidió llamarlo con apodos, descalificar su trabajo y lanzar indirectas de pésimo gusto que, según la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET), rayan en la incitación al odio. No lo dice esta columna, lo dice la UPET. Y lo dice también el artículo 6° Constitucional, que protege la libertad de expresión, incluso —y sobre todo— cuando incomoda a funcionarios con piel de cebolla.
Pero el Secretario fue más allá. Usó un canal público, en horario laboral, para repartir agresiones como si fueran fichas escolares. ¿Y la gobernadora? Bien, gracias.
A esto se suma un evento reciente en el que, al representar a la titular del Ejecutivo, Homero Meneses dejó escapar una frase lapidaria: “Sí al deporte, no a la paz”. Un desliz que no sólo contradice la narrativa oficial, sino que evidencia la desconexión entre lo que dicen sus discursos y lo que ocurre en las aulas, en las calles y en los hogares.
Desde dentro del propio SEPE-USET nos confirman lo que ya es un secreto a voces: una política de censura y persecución encubierta. Se ha instruido a personal directivo a no hablar con medios críticos, a no responder preguntas incómodas y a darle trato preferencial a los aplaudidores. Quien se atreva a contrariarlo, sufre represalias.
Y mientras predica austeridad y meritocracia, practica nepotismo sin pudor. Su cuñada, Erika Vázquez García, aparece en la nómina con una plaza administrativa escolar que le deja la muy buena cantidad de $13,000 pesos quincenales, aunque sus propios compañeros de trabajo aseguran que casi no se le ve. Eso sí: pasa lista.
Su hermana curiosamente también “ganó” una plaza de preescolar vía Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros. (USICAMM). Y no acaba ahí: Homero Meneses conoce muy bien a la persona que responde al nombre de Perla Esmeralda Zavala Albizo así como el de César Chávez Piscil — individuo cercano al líder de la sección 31, Curberto Chávez— quienes también figuran con plazas y funciones nebulosas, ocultos en el centro de cómputo como si fueran fantasmas con talonario.
Y hablando de fantasmas: el tema de los interinatos en SEPE-USET es otra cloaca abierta. Se otorgan como favores, sin certeza jurídica, sin formatos únicos de personal, y con el claro objetivo de evitar la generación de derechos laborales. A pesar de que las plazas docentes —por ley— deben ofertarse tras jubilaciones, promociones o fallecimientos, aquí se congelan hasta que convenga soltarlas. ¿La hipótesis? Homero las guarda en su cajón para usarlas como moneda de cambio político antes de que termine el sexenio. Una bolsa de favores en tiempo electoral.
Para colmo, mientras alardeaba que fue el primer secretario en recibir la dependencia de manera “institucional” —lo cual es falso, pues todos sus antecesores también cumplieron con la entrega-recepción por ley—, recibió 40 contratos por honorarios. Hoy, según fuentes internas, ese número ha crecido a más de 600 contratos por honorarios. Muchos de ellos duplicando funciones ya cubiertas por personal con base. ¿Doble sueldo? ¿Violación a las reglas de contratación? ¿Simulación institucional? El Órgano de Fiscalización Superior tiene la última palabra.
Así es Homero Meneses. El hombre que exige respeto, pero insulta. Que presume valores, pero reparte plazas a modo y a conveniencia. Que defiende la educación, pero atropella derechos laborales. Que se vende como académico, pero actúa como cacique.
Tlaxcala no necesita un Secretario de Educación que convierta el aula en trinchera personal. La educación no se construye con odio, ni con compadrazgos, ni con triquiñuelas burocráticas. La educación se honra. Y se ejerce con ética.
Seguiremos sacando a la luz lo que se oculta detrás de su discurso institucional. Porque a la libertad de prensa no se le insulta: se le respeta. Porque a Tlaxcala no se le calla: se le informa.
La última y nos vamos….
Mientras Homero Meneses Hernández presume ser el “hijo del pueblo” y fundador de Morena, en los hechos actúa como el cacique de la Secretaría de Educación Pública de Tlaxcala, manejando estructuras, favores y plazas como si fueran moneda de cambio para su proyecto político personal.
Utiliza la estructura del Humanismo Mexicano como base operativa para su proselitismo, él mismo instruyó a una persona a organizar una reunión para su lucimiento. ¿La dinámica? Regalos, comida y elogios obligados. Promete beneficios a los dueños de casas que lo inviten, exige por supuesto la presencia de maestros y manda a sus jefes de departamento a coordinar estas farsas.
En una de esas reuniones, según testimonios internos, Homero afirmó que la gobernadora Lorena Cuéllar ya le dio luz verde para ser el candidato. Habló de “tener más del 50 por ciento del gabinete de su lado” y dijo que como viene de “familia humilde” —vendedor de pollo, argumenta—, tener el derecho divino de suceder a su jefa. Pero lo más grave fue la sarta de insultos misóginos que soltó contra la ex candidata del Partido Acción Nacional a la Presidencia de República Mexicana Xóchitl Gálvez, la ex primera dama Margarita Zavala y la Senadora Lilly Téllez. Opositoras para este personaje sí, pero también son mujeres que merecen todo el respeto.
Por si fuera poco, se atrevió a asegurar que la Senadora Ana Lilia Rivera “no va, no llega” y que Alfonso Sánchez García “tiene un equipito chiquito” ¿acaso lo anda espiando?. Él, dice, tiene “la estructura real”. Lo más agradable es quién lo balconea: sus propios subordinados, cansados de su soberbia, filtrando audio, imágenes y mensajes.
¿Y el ITE? Bien, gracias. Calla como si la ley electoral no se aplicara cuando se trata de un funcionario afín al poder.
En resumen, Homero Meneses no está construyendo una candidatura: está saqueando una secretaría para sostener su ambición. Y lo más grave es que lo hace con recursos públicos personal de la propia Secretaria, redes familiares y amenazas veladas a quienes se atreven a no aplaudirle.
El que se siente ser el “hijo del pueblo” resultó más bien padre del abuso, hermano del nepotismo, tío del tráfico de plazas… y ahijado de un sistema que se dice transformador, pero huele a lo mismo de siempre.
¡¡Que hueva!!
Y como decía Raúl Velazco” Aún hay más”
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