Andy: corona abollada
Primero fue el autodestape: sin más méritos que el de ser hijo de su papá, Andy insinúa que va por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México; ha pedido que no le llamen Andy porque así se oculta el capital que porta por el solo hecho de llamarse “igual que el más grande presidente que ha tenido México” (cuando desaparezcan las pensiones y con ellas el espejismo que producen, se verá que fue un depredador).
Se va de vacaciones a Tokio, según explica, porque es su manera de aliviar las extenuantes jornadas de trabajo. Para quien no tiene la mala costumbre de trabajar, las tareas del secretario de Organización del mayor partido político de México deben ser agotadoras.
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