Ni los veo ni los oigo
Opinión de
La semana pasada atestiguamos dos episodios similares por su contenido sustantivo: el INE y el Tribunal Electoral coincidieron en que “hay casos en que la realidad empírica no coincide con la realidad jurídica” —según la síntesis perfecta del consejero electoral Jaime Rivera—. Una joya. Significa que lo sucedido y constatado a plena luz del día, no fue prueba suficiente para salvaguardar el derecho electoral.
De un lado, el hermano del presidente López Obrador, Pío, recibió sobres con dinero en efectivo para la campaña de Morena. Todos lo vimos. Ni siquiera el principal beneficiario lo negó, aunque alegó la validez de las “aportaciones para el movimiento”. Sin embargo, las autoridades del INE se tomaron cinco años para concluir que no encontraron recibos, ni facturas, ni depósitos bancarios, ni constancia alguna sobre el destino de ese dinero. Ni siquiera encontraron el domicilio del presidente López Obrador para obtener su testimonio. Reconocieron que la fiscalía especializada en delitos electorales escatimó la información y que otras dependencias no cooperaron con su investigación. Pero concluyeron que no había falta alguna, porque no tenían papeles para probar lo que todos vimos y escuchamos.
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