El Bestiario…la otra cara de Tlaxcala que nadie quiere ver
Opinión de Edgar García Gallegos
El ataque fue meticuloso, violento y prolongado. El dueño de la casa terminó con una herida profunda en la pierna y la certeza de que su vida y de su seres queridos pendió de un hilo. El daño psicológico, imposible de medir, convirtió el hogar en un espacio de miedo. La Fiscalía abrió una carpeta de investigación, pero la familia ya aprendió lo que significa vivir horas interminables a merced de delincuentes organizados.
El segundo episodio dejó claro que ni el centro de la capital está a salvo. Este miércoles por la tarde, en la esquina de Lira y Ortega, a metros de Palacio de Gobierno y del Congreso una balacera obligó a comerciantes a bajar cortinas y a transeúntes a correr por su vida.
Dos sujetos a bordo de una motocicleta ingresaron a un local y dispararon contra un comerciante de 55 años, originario de San Martín Texmelucan, quien por fortuna las heridas no fueron graves, y ninguna bala perdida alcanzó a un inocente, lo que hubiera sido fatal para la narrativa de quienes presumen cifras alegres.
Como si fuera una serie de Netflix, en su huida, los agresores abandonaron la motocicleta que no arrancó, y un arma, para luego escapar a pie ante la mirada atónita de los capitalinos.
El espectáculo de terror ocurrió frente a las cámaras del C5 y del C2, los sistemas que la gobernadora Lorena Cuéllar y el alcalde Alfonso Sánchez García presumen como garantía de seguridad. Ese día, lo único que garantizaron fue la burla de los criminales, que escaparon sin ser detenidos.
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