Un personaje detestable en el Senado
Opinión de
El año de Gerardo Fernández Noroña al frente de la mesa directiva del Senado tenía que terminar como empezó: con Noroña insultando, provocando, silenciando, agrediendo a los legisladores, a periodistas, a políticos de oposición y hasta los de su propio partido. En innumerables ocasiones amenazó a opositores con verlos fuera de la cámara para ajustar cuentas, pero cuando tuvo enfrente a alguien dispuesto a hacerlo, salió corriendo y no tardó más que minutos en victimizarse.
Todo en medio de un escándalo tras otro: el de su casa de 12 millones de pesos (en realidad una casa en Tepoztlán de más de mil metros cuadrados, con 700 de construcción, vale mucho más, a lo que hay que agregarle todo el mobiliario, que tampoco es austero, del que presumió Noroña en sus propios videos) es el último de una vida dedicada a eso: al escándalo.
No se recuerda una propuesta legislativa importante presentada por Fernández Noroña: recordamos agravios, leperadas, insultos a funcionarios y legisladores. Lo recuerdo tirado en la puerta de Palacio Nacional para impedir el paso del presidente Zedillo; insultando y retando a golpes a Javier Lozano, cuando era secretario del Trabajo, en una comparecencia en la cámara; quejándose de que costaba siete pesos ingresar a un baño en una gasolinera; mostrando videos de una vecindad en el centro donde dijo que vivía (algo que nunca se comprobó); recuerdo como se enfrentó a golpes con el estado mayor presidencial porque quería ingresar a la fuerza a un evento del presidente Peña; lo recuerdo tomándose selfies encuerado para subirla a sus redes (¡qué pena con Noroña!) y sobre todo acosando, una y otra vez a Lilly Téllez, incluso, como lo descubrió un fotógrafo del senado con fotos de ella guardadas en su celular. Lo recuerdo alabando sin cesar a Nicolás Maduro.
La columna completa, aquí: