DE FRENTE… “De baches, discursos y otras chingaderas”
Opinión Yazmin Calderón
“Los informes se escriben en papel; la realidad se escribe en sangre, sudor y olvido.” -Yazmin Calderón-
Ayer mi trayecto cotidiano se convirtió en una radiografía de lo que somos como sociedad y de lo que nuestras autoridades no quieren ver.
Comenzó con un bache: un socavón disfrazado de hueco en el asfalto. Mi coche cayó en él y, cansada de tanto desastre en las vías, decidí parar, recoger unos bloques de escombro que encontré y procedí a rellenarlo. Lo hice no por gusto, sino porque entendí que nadie más lo haría. Y ahí estaba yo, tapando con piedras lo que el gobierno debería atender.
Avancé y el primer semáforo me regaló otra postal: un joven con sudadera, perdido entre drogas y fantasmas que solo él veía. Una escena dolorosa, sobre todo para quienes somos madres, porque ese muchacho podría ser nuestro hijo. Sin poder ayudar, sólo pude pedir en silencio por él.
En el siguiente alto, otro joven escupía fuego para ganarse unas monedas. Su rostro estaba marcado por el sol, la gasolina y la miseria. Terminó agotado, se sentó en la banqueta y apagó con su propia boca el fuego que momentos antes había encendido para entretenernos. Sólo pude darle un poco de agua.
Unos metros más adelante, frente a la clínica del IMSS de La Loma Xicoténcatl, el dolor tenía otro rostro: familias abrazadas en medio de la pérdida. Otros más formados, rogando a un guardia con mala cara que los dejara pasar a entregar un medicamento, porque el desabasto es la norma. Afuera, sin importar el frío, el aire, el granizo, la lluvia o el sol, la espera es indigna: comer una quesadilla con polvo de tráiler o un tamal recalentado de hace días. Lo sé, lo viví cuando perdí a mi padre en esa misma clínica.
Y entonces me pregunto: ¿qué les costaría construir palapas, bancas con techumbre, espacios dignos para quienes acompañan a sus enfermos? ¿Por qué la empatía parece tan cara?
El trayecto siguió con el tráfico eterno que provocan las colectivas que hacen base a las afueras del hospital, bloqueando entradas y salidas, mientras ninguna autoridad de tránsito aparece. El desorden es la constante.
Ya casi llegando a mi destino, otro semáforo en rojo me mostró la escena más desgarradora: un padre con su hijo de cinco o seis años, pidiendo monedas o comida para seguir su camino hacia el norte. El padre cansado, con hambre, tratando de hablar quedito para que su niño no despertara y siguiera durmiendo en brazos de la miseria.
Ese fue mi recorrido. Cinco escenas en menos de veinte minutos. Cinco realidades que destruyen cualquier discurso de “Tlaxcala avanza” o “México está mejor que nunca”.
Lo que vi no fue accidente ni casualidad: es el retrato diario de la falta de Estado, de la indiferencia de quienes gobiernan y de la ausencia de políticas públicas reales.
Nos guste o no, mientras las autoridades juegan a la política, la gente sobrevive en un Estado bañado de sangre, baches, adicciones, hambre, hospitales, deshumanizados, inseguridad y migraciones desesperadas, entre otros problemas del día a día.
Lo repito, con la crudeza que merece: no son historias aisladas, son las chingaderas de todos los días.
Y justo ahora que Lorena Cuéllar se pone su mejor traje para leer un informe lleno de aplausos y cifras maquilladas, alguien debería tener el valor de decirle: gobernadora, lo que usted presume como “logro histórico” allá afuera se llama miseria, abandono e indolencia.
Porque mientras Usted duerme tranquila, Tlaxcala sangra en cada semáforo, en cada hospital y en cada familia que pierde la esperanza.
Ese es el verdadero informe. Y por supuesto, no cabe en sus discursos.
Pero no es la única. Mientras Lorena maquilla la tragedia, Alfonso Sánchez García presume su primera pasarela política con logros de papel. Entre sus “estrellas”, la creación de rutas turísticas “Manos Mágicas” y “Tlaxcala de mis Amores”. Como si un eslogan fuera suficiente para tapar el 53% de pobreza que hoy azota a los tlaxcaltecas, según el Coneval.
En materia de deporte, festeja que el Polideportivo pasó de 250 a 931 usuarios. ¿Y? ¿Ese es el gran logro en una ciudad donde la inseguridad creció un 40% en el último año, donde los jóvenes tienen más acceso a las drogas y al alcohol que a un empleo digno, y donde los espacios públicos siguen secuestrados por el abandono? Basta asomarse a las instalaciones del espacio libre El Ocotal, que ha sido secuestrado para actividades propias de la drogadicción.
Y para rematar, Alfonso se cuelga la medalla de “un gobierno cercano, humano y municipalista de la 4T”. Cercano a quién, ¿a su Cabildo? ¿Humano con quién, con sus amigos? Porque con la ciudadanía, lo único humano que hemos visto son baches rellenos con piedras y banquetas llenas de indigencia.
Lo que Alfonso presentó no es un informe: es un panfleto disfrazado de gestión, un catálogo de ocurrencias que sólo busca preparar su salto a la candidatura., la cual, definitivamente es inmerecida hasta que se le tome en consideración.
La capital merece más que ligas municipales y slogans turísticos. Merece un alcalde que entienda que justicia social no se declama, se construye con agua potable, seguridad, empleo y calles transitables o mejor dicho con servicios públicos de calidad o mejor aún, de primer mundo
En resumen: mientras Lorena presume logros históricos y Alfonso presume rutas pintorescas, Tlaxcala se hunde en cifras vergonzosas: más de la mitad de su población en pobreza, hospitales colapsados, jóvenes en riesgo y una ciudadanía cansada de ser espectadora de su teatro político.
Los informes oficiales son pura escenografía y dinero tirado a la basura. La Tlaxcala real está en los semáforos, en los pasillos de los hospitales y en los baches que los ciudadanos tenemos que tapar con nuestras manos, por mencionar algunos problemas.
Esa es la triste verdad que no sale en sus discursos hipócritas y vacíos.
La última y nos vamos…
Y mientras Alfonso Sánchez García leía su primer informe de gobierno, la gobernadora Lorena Cuéllar decidió que lo más importante era tomarse una siesta. Sí, como lo está leyendo, en vivo y en directo, en el escenario del junior que ella misma impulsa para la gubernatura del 2027.
Que otros invitados aplaudan o se emocionen con las cifras y slogans es anecdótico. Lo que realmente comunicó fue la escena que ya circula en todas las redes sociales del Estado y del País: un desinterés absoluto, cero compromiso y un mensaje silencioso pero contundente: “yo aquí estoy de adorno, pero no me interesa lo que diga este junior”.
En Tlaxcala, la política no sólo se maquilla con discursos; a veces también se duerme sobre sus propias mentiras, mientras los ciudadanos seguimos rellenando baches, cargando niños hambrientos y rogando por dignidad que ellos ni sueñan en garantizar.
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