México embrutecido
Opinión de
Pocas veces un país ha llegado tan lejos en la normalización de la mentira y el autoengaño como México en estos tiempos. El deterioro es inocultable: el crimen organizado, de acuerdo con el Comando Norte de EE. UU., controla entre 30 y 35 % del territorio nacional; la inversión extranjera directa apenas sobrevive, pues cerca del 86 % de su monto fue inyectado a empresas preexistentes; la deuda pública creció casi 60 % en siete años, de 10.5 a 16.7 billones de pesos; el PIB avanza a paso de tortuga (0.8 % promedio entre 2019 y 2024); el gasto público se encoge 35.7 %, el desempleo crece y los sistemas de salud y educación se desploman; falta 40 % de medicamentos básicos en hospitales, y en la prueba PISA 2022, México ocupó uno de los últimos lugares en matemáticas (dos de tres alumnos por debajo del nivel básico) y comprensión lectora, obteniendo su peor resultado histórico en ciencias.
Sin embargo, el gobierno presume niveles de popularidad que rozan lo impensable. ¿Cómo explicarlo? La respuesta es incómoda: México está embrutecido.
No es un insulto gratuito, sino la descripción de una sociedad cuya comprensión e inteligencia política han sido devoradas por un populismo eficaz que no busca ciudadanos, sino que fabrica clientes y los mantiene anestesiados con una falsa sensación de empoderamiento. Para conseguirlo se vale de todo: endeudar al país para repartir dádivas, difundir mentiras oficiales y prometer medicinas, escuelas, hospitales o seguridad, como si bastara con nombrarlos para que existan. En vez de revertir las citadas carencias, prefieren invertir en obras de relumbrón —Tren Maya, Dos Bocas, AIFA— que terminan costando de dos a tres veces lo presupuestado por la enorme corrupción en torno a su desarrollo. Tras el control total del Legislativo mediante presuntas amenazas y sobornos, el último clavo al ataúd democrático penetró el pasado 1 de septiembre con el sometimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al Ejecutivo, cuya oprobiosa elección fue aprobada con el descaro del muy cuestionado TEPJF. Si algo podemos rescatar de esta voracidad demoledora, es la parte de la población que salió de la pobreza, más de 14 millones según el gobierno, pero que Macario Schettino —a quien le creo más— estimó en poco más de tres millones.
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