Ayotzinapa: la herencia y la impunidad
Opinión de
Sabemos perfectamente qué pasó la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala con los jóvenes de la normal de Ayotzinapa. Sabemos cómo y porqué fueron secuestrados, quiénes lo hicieron y qué estuvo detrás de ese operativo criminal. Hay pruebas, testimonios, detenidos.
Si el caso Ayotzinapa sigue vivo es porque ha sido manipulado durante once años, comenzando por el propio López Obrador que lo usó como argumento de campaña y luego como instrumento de gobierno, argumentando un crimen de Estado y tratando de involucrar en él a militares. Cuando comprobó que no había forma de demostrarlo, terminó heredando a la administración Sheinbaum un caso que sólo puede quedar resuelto regresando a las investigaciones originales. Mientras tanto, los que se dicen normalistas de Ayotzinapa siguen desplegando sus provocaciones y violencia en la más absoluta impunidad, ayer, una vez más, contra el campo militar número Uno.
El problema es que para regresar a lo que realmente sucedió se tiene que aceptar la tesis que Morena rechazó por años: que no fue un crimen de Estado, que fue una acción realizada por los sicarios de Guerreros Unidos con el apoyo de autoridades estatales y sobre todo locales de Iguala, Coyuca y Huitzuco. La paradoja es que deformando esa realidad, tan terca como los hechos que la confirman, los sicarios fueron dejados en libertad y convertidos en testigos protegidos.
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