Trump, signo de cambio
En contraste, el presidente Donald Trump anunció recién la construcción de una nueva clase de barcos de guerra, denominada con su nombre, que afirmó serán los más poderosos jamás construidos; agregó su nombre al Centro Kennedy para las Artes, al Instituto Estadounidense por la Paz, y busca que el nuevo estadio de futbol americano de la capital estadounidense se llame, por supuesto, Donald Trump. Además, no solo fue el Maestro de Ceremonias en la reciente presentación de los Honores del Centro Kennedy, sino también del sorteo de grupos de la Copa Mundial de Futbol 2026.
Pero eso parece un tanto fuera de tono en un país donde todavía hay un club que exalta la figura de Cincinnatus, el ciudadano-soldado romano que siempre acudía al llamado de sus conciudadanos para encabezarlos en tiempos de crisis. Cincinnatus fue una figura de virtud cívica que pareció la guía de muchos mandatarios estadounidenses, que después de sus gobiernos regresaron, al menos en apariencia, a una vida normal, como un ciudadano más. En los últimos 40 años hubo mandatarios que se distinguieron por diversas fórmulas: Jimmy Carter regresó a su granja de cacahuates y participó en la construcción de viviendas para personas de escasos recursos; Reagan mismo se retiró a la vida privada y en 1994 dejó de hacer apariciones públicas obligado por un Alzeheimer que terminó su vida en 2004.
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