Señorío Tlaxcalteca… La nefasta herencia que pocos quieren
Opinión de Martín Ruiz
El evidente y sistemático impulso que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros brinda al alcalde de Tlaxcala de Xicohténcatl, Alfonso Sánchez García, como su sucesor predilecto para la candidatura de Morena a la gubernatura en 2027, no constituye un proceso natural de renovación partidista.
Esta operación política de la gobernadora genera una alarma generalizada por el uso indebido de recursos públicos en favor de un proyecto personal, familiar y de grupo.
Es innegable la cantidad desproporcionada de fondos públicos que se destinan a este proyecto político. La gobernadora «pasea» al alcalde por todos los rincones de la entidad: lo acompaña en eventos oficiales, le asigna presupuestos extraordinarios que los otros 59 municipios no reciben en la misma magnitud y facilita su presencia constante en los medios de comunicación locales mediante entrevistas y coberturas privilegiadas, utilizando para ello al vocero del gobierno del estado.
Lorena financia supuestas encuestas de empresas poco transparentes y de dudosa seriedad, cuyo único propósito parece ser inflar artificialmente la imagen de Sánchez García y posicionarlo como el candidato «natural».
Todo este esfuerzo se orienta a manipular la percepción de los tlaxcaltecas, haciéndoles creer que él es la opción «buena», cuando en realidad su rol principal es el de protector del legado y garante de la impunidad al término del actual sexenio.
Cuéllar hace un uso distorsionado e indebido del erario y de los servidores públicos de su gobierno para inclinar la balanza a favor de su ahijado. El dinero de la administración lorenista se emplea para construir una figura que sirva como escudo en 2027 a una gestión ampliamente cuestionada por su desempeño corrupto.
Elegir a Alfonso Sánchez García en la próxima encuesta interna de Morena es prolongar el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros con todas sus fallas: opacidad, inseguridad sin precedentes en la historia: nepotismo institucionalizado y prácticas que han erosionado la confianza en las instituciones.
El lastre que representa el gobierno de Lorena es abrumador. Su gestión ha sido percibida como una de las más deficientes en la memoria colectiva tlaxcalteca. La inseguridad ha transformado la vida cotidiana, convirtiendo lo que eran incidentes aislados en un clima de desasosiego permanente. Los habitantes se sienten cada vez más expuestos en calles, caminos, transporte público, cajeros automáticos y espacios cotidianos. Este clima de temor altera rutinas, limita la movilidad nocturna y genera un rechazo creciente hacia las autoridades que no logran revertirlo de manera convincente.
La opacidad en el manejo de recursos ha permitido que sospechas de irregularidades, enriquecimientos inexplicables, compra de propiedades y favoritismos se acumulen sin respuestas claras. El nepotismo de Lorena, ha convertido puestos clave en extensiones de círculos familiares y de lealtad personal sin importar las capacidades, más que para robar.
Cualquiera que sea impulsado por Lorena Cuéllar se convierte en un boleto seguro para la continuidad de la corrupción tolerada, la inseguridad y el nepotismo. Apoyar a un «delfín» de este tipo implica validar un sistema donde las prioridades del poder prevalecen sobre las necesidades del pueblo, y donde el blindaje político se antepone a la rendición de cuentas.
La columna completa, aquí: