Sinaloa y el horror que no cesa
Opinión de
El acontecer diario en Sinaloa está caracterizado por el asesinato y la impunidad. Los homicidios se suceden uno tras otro como en una cadena incesante de horror.
No importa cuánto se esfuerce el Gobierno estatal en negar lo que sucede ni cuantas etiquetas utilice (“baches de seguridad”, “ciclos normales”) la realidad se impone.
De igual manera, la proclama de datos oficiales por parte del Gobierno federal que hablan de una mejoría en la reducción de asesinatos -que además está basada en una estrategia tramposa de reclasificar los homicidios dolosos– es desmentida diariamente.
Las tragedias son una vorágine y resulta una tarea titánica seguirles el paso, documentarlas a profundidad y denunciarlas. La prensa local hace lo que puede. Ni siquiera las instituciones locales tienen la capacidad para investigarlas y brindar justicia.
A penas un grupo de militares habían asesinado por confusión a Fernando Alan (joven de 23 años estudiante de derecho) y herido gravemente a su novia, cuando horas después asesinan a Manuel Elizalde, médico de la sindicatura de Costa Rica, por no poder atender a un herido de bala. Más tarde se viralizó el levantamiento de una creadora de contenido, Nichollete en una de las zonas más transitadas y privilegiadas de Culiacán.
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