Señorío Tlaxcalteca… Tlaxcala secuestrada: el cochinero político de Cuéllar
Opinión de Martín Ruiz
El dedazo que vuelve en su peor versión de “pulpos chupeteadores”.
En Tlaxcala se está cocinando, a plena luz del día, una de las maniobras políticas más burdas, perversas y ofensivas para la democracia local en los últimos años. No se trata de un simple “proceso interno” ni de una legítima competencia por la candidatura de Morena rumbo a 2027.
Lo que ocurre en el estado tiene nombre y apellido: la terquedad autoritaria de Lorena Cuéllar Cisneros por imponer, a como dé lugar, a Alfonso Sánchez García como su sucesor. Y, con ello, arrastrar al gobierno, a las instituciones y a la ciudadanía a una degradación política que ya huele a impunidad y a cinismo.
Porque esto ya no es política: es un secuestro del poder. Y, como todo secuestro, se ejecuta con amenazas, con dinero público o ajeno y con la complicidad de quienes deberían estar del lado de la ley.
Lo más indignante es que ni siquiera se guardan las formas. La gobernadora y su “delfín” actúan como si las leyes electorales fueran simples sugerencias para los ingenuos, para los “pobres” tlaxcaltecas que se tragan todas sus mentiras; como si el marco legal existiera únicamente para castigar al adversario y no para contener sus excesos de poder.
Actos anticipados de campaña: el 2 de febrero, las tradicionales “tamalizas” fueron convertidas en un acto político, como dice el manual del viejo PRI; propaganda disfrazada, promoción personal descarada, calcomanías, pegotes, bardas y pasquines (con la complicidad degradante de algunos medios de comunicación impresos que gozan de jugosos convenios, esos que el “Pinocho” vocero dijo que iba a transparentar), diseminados por toda la entidad.
Hay un derroche de lana de origen “desconocido” que alimenta la porquería de autoritarismo e imposición que se manda desde el Palacio de Gobierno. Una movilización de estructuras, de burócratas amenazados, que alimenta una sucia presencia política invasiva en todo el estado. Esto es una campaña política impuesta y anticipada, porque Lorena no quiere ser juzgada.
A estas alturas, ya ni la pregunta cabe: ¿de dónde sale el dinero para esta grotesca exhibición de recursos? La respuesta es tan obvia como insultante: del dinero público.
Del dinero de nuestros impuestos. Del dinero que debería estar en medicinas, seguridad, infraestructura, servicios municipales, apoyo al campo, agua potable, alumbrado y atención ciudadana. Pero no. En Tlaxcala, el presupuesto se ha convertido en gasolina para una campaña vulgar, adelantada, descarada y ofensiva.
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Tlaxcala secuestrada: el cochinero político de Cuéllar – Señorio Tlaxcalteca