Estupidez, miedo y avaricia
“Tres grandes fuerzas rigen el mundo: la estupidez, el miedo y la codicia”. El axioma, atribuido a Albert Einstein, no tiene desperdicio como referencia para diseccionar toda discusión política.
El miedo y la avaricia fueron las razones para que, en la discusión del llamado plan A de la reforma electoral, ningún partido estuviera dispuesto a autoinmolarse con menos legisladores, menor peso político en el Congreso y, sobre todo, menos dinero en sus billeteras, a pesar de que no son capaces de cumplir con su función de contrapesos del poder.
El Partido Verde y el PT habrían perdido 392 millones de pesos de su botín de prerrogativas, cantidades que serían todavía mucho más grandes en un año electoral. En la oposición, el PAN habría dejado de obtener 337 millones de pesos, el PRI 256 millones y MC 252 millones en dinero de nuestros impuestos, que gastan en no darle a la ciudadanía ningún resultado ni beneficio real.
La insensatez, por supuesto, estuvo en una iniciativa que no tenía los votos necesarios y aun así algún estratega decidió exponer a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. A eso se sumó la contradicción: un discurso de fortalecimiento de la democracia, pero con medidas en el papel enfocadas en debilitar al árbitro electoral quitándole la cuarta parte de su presupuesto, pero saturándolo además con más procesos electorales y nuevas funciones de fiscalización.
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