La guerra de las mentiras
Opinión de
La era de la saturación informativa provoca confusión. ¿A quién le creemos? ¿Quién entiende lo que está pasando en Medio Oriente? ¿Cuándo terminará la guerra? ¿Cómo verificamos si los contenidos difundidos en las redes sociales son reales?
Quienes se dedican a comprobar la veracidad de la información van siempre un paso atrás de las agencias o las entidades que trabajan en el negocio de la distorsión. Siempre ha sido más fácil destruir.
La alfabetización mediática contribuiría a que el ciudadano no compartiera noticias falsas. Al ser un tema árido -en el cual la academia no ha logrado convencer a los consumidores de que no todo lo que reciben es verdadero- nos enfrentamos a una guerra virtual en la que, como siempre, se intenta propagar la mentira más grande.
Somos testigos mudos del encumbramiento de la polarización y de la erosión de la democracia. Thomas Rid advierte en su libro Desinformación y guerra política: “a medida que se vuelve más difícil diferenciar entre hechos y no hechos, también resulta más fácil distinguir entre amigos y enemigos. La línea entre la verdad y la mentira es una continuación de la línea entre la paz y la guerra, tanto a escala nacional como internacional”.
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