Narconervios
Washington.- El caso de Ismael “El Mayo” Zambada García no hace tanto ruido político ni mediático en México como lo hizo el de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Estos dos fundadores del Cártel de Sinaloa son diametralmente opuestos en términos de importancia judicial en Estados Unidos y antagonistas en las implicaciones que tienen para exponer la narco corrupción que priva en México.
A la DEA, Guzmán Loera no le interesó como testigo protegido.
Para los policías antinarcóticos estadunidenses, “El Chapo” fue un cartucho quemado y con él quisieron poner ejemplo de la “implacable” justicia estadunidense al sentenciarlo a cadena perpetua más 30 años de cárcel.
“El Mayo” se tuesta aparte. Este narcotraficante, quien fue el auténtico capo de capos y jefe de jefes del Cártel de Sinaloa, es una mina de oro para los fiscales estadunidenses ansiosos de injerir en la política mexicana por medio de acusaciones a diestra y siniestra de corrupción a todo nivel del espectro político mexicano.
Zambada García, por medio del acuerdo de cooperación que su abogado Frank Pérez está finiquitando y armando con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, se librará de pasar el resto de sus días en una cárcel; siempre y cuando la vida le alcancé.
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