Señorío Tlaxcalteca… Qué se necesita para ver la inseguridad en
Opinión de Isael Pérez Olivier
El crimen organizado en Tlaxcala impone sus reglas. La ausencia de actos de autoridad les ha permitido a los grupos delictivos extender sus actividades ilícitas sin ninguna resistencia u oposición por parte del gobierno del estado —a tal grado, que— las estructuras criminales ya controlan territorios completos y mantienen cautiva a su población. La presencia de narcomantas con mensajes directos a empresarios y autoridades —desestimadas en toda oportunidad por la administración estatal— no son una simple advertencia sino una clara amenaza. Tan es así, que, una nueva ola de violencia colocó a Tlaxcala a la par de Sinaloa en el mapa criminal del país, con el hallazgo de cinco cuerpos humanos sin vida por disparo de arma de fuego, todos ellos, víctimas de una masacre en la colonia Zumpango del municipio de Atlangatepec, en un domicilio señalado y denunciado en múltiples ocasiones por los vecinos como un punto de consumo y venta de drogas. Hechos, a los que se le suma otra muerte más, registrada un día después, pero en Apizaco, que guardaría relación con el multihomicidio. En total seis ejecuciones a manos del narco, en tan solo dos días.
Sí. Damas, caballeros y personas de los géneros no binarios, hay un contraste —imposible de no ver— entre el discurso oficial que todo lo niega —y lo que no— lo minimiza, y el contexto real que le estalla en el rostro al Secretario de Seguridad Ciudadana Alberto Martín Perea Marrufo, a la Fiscal General de Justicia del Estado Ernestina Carro Roldán y a la propia gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, que durante los últimos cinco años voltearon inexplicablemente la mirada hacia el vacío mientras las células criminales se enquistaban en nuestro tejido social y tomaban el control del territorio tlaxcalteca.
¡Claro!. Al parecer, omisiones premeditadas para honrar ese pacto de impunidad entre el hampa y las instituciones encargadas de brindar seguridad, procurar e impartir justicia. Sí, le hablo de ese pacto que lo mismo garantizó la fuga del ex director del Centro de Reinserción Social de Tlaxcala, que llegó del estado de Sinaloa y que al parecer operaba con un grupo de internos que salían por las noches de su confinamiento para asaltar gasolineras y perpetrar homicidios; pero, que también mueve los hilos en la Fiscalía General de Justicia del Estado y en el Poder Judicial, para lograr la libertad de un presunto operador y distribuidor de sustancias ilícitas, ligado a la familia que ostenta el control del Sindicato de Burócratas, a pesar de las abrumadoras pruebas en su contra.
Entonces, no. De nada sirve que hoy, a escasos quince meses de que se acabe el sexenio —y todavía sin aceptar su estrepitoso fracaso en materia de seguridad ciudadana— la administración Cuéllar, lance con bombos y platillos el programa “Cero Tolerancia”, con el que, por unas cuantas horas al día, integrantes de la 23 Zona Militar y de la policía estatal recorren en impresionantes convoyes los principales focos rojos de la entidad. Y no. Ni se haga Usted ilusiones de que esos patrullajes serán permanentes, pues solo estarán activos mientras se toman las fotografías oficiales que acompañan a los boletines de prensa, con los que intentan calmar las turbulentas aguas de la opinión pública. Y nada más.
Sí. Porque es solo propaganda barata para tratar de ocultar la realidad. Obvio, una estrategia dictada desde la seguridad y comodidad de las camionetas de lujo blindadas pagadas con nuestros impuestos para el uso, goce y disfrute de la gobernadora y de su familia.
Entonces, sí. Estamos frente a un Estado permisivo a las actividades delictivas e incapaz de brindarnos seguridad. Los pactos entre “La Rocha Tlaxcalteca” y los señores de la mafia, se están desmitificando. Y ya no solo se trata de una fotografía en un evento social de la familia Ortiz, en la que posa la mandataria estatal con un objetivo prioritario del gobierno federal identificado como un generador de violencia —hoy en prisión—, sino de la suma de todas las declaraciones, acciones y omisiones del gobierno estatal, registradas en la prensa y guardadas en la memoria colectiva, que dan cuenta del grado de complicidad entre políticos, autoridades y grupos criminales.
¡Qué no son ciertas esas sospechas razonables sobre el actuar de la administración de la mujer más votada de toda la historia del mundo mundial!, me podrían refutar quienes todavía asumen la defensa de lo indefendible. Bueno. Entonces quizás ellos nos podrían explicar por qué tres días después de la masacre de Zumpango y solo un día después de que un grupo de sicarios asesinaran a tiros a “El Lobito” en Apizaco, las fuerzas federales a cargo de Omar García Harfuch, en un operativo lograron la detención de “El Rolis”, presunto integrante del Cártel de las Cuatro Letras, señalado como uno de los principales generadores de violencia en el norte del estado; mientras que en otra acción realizada en Yahuquemehcan, estuvieron a nada de asegurar a “El Tata”, hermano de “El Rolis”. Sujetos, que, de acuerdo a las investigaciones ministeriales, habrían tomado el control de la célula delictiva a la caída de “El Hacha”, registrado el pasado 25 de febrero en Santa Cruz, Tlaxcala. También en un operativo federal.
Sí. Ambos hermanos, integrantes de una célula delictiva invisible a los ojos de Cuéllar Cisneros, Carro Roldán y Perea Marrufo, que está relacionada con delitos como secuestros, homicidios, extorsión, cobro de piso, robo de hidrocarburos y ataques armados contra grupos rivales, comandados desde Nayarit, pero operando con soltura y a sus anchas en el estado más seguro del país. ¡Ajá!. Delitos de alto impacto, pero que no solo son del ámbito de la competencia del fuero federal sino también del fuero común, donde nunca se les tocó ni con el pétalo de una rosa.
Pregunto, sin el ánimo de ofender a nadie en particular: ¿la llegada de la legión extranjera de Morelos a Tlaxcala, tendrá alguna relación con el crecimiento exponencial de esos grupos criminales y con el pacto de impunidad?. O es una simple casualidad. Pero para mí que…
¡Se tenía qué decir y se dijo!
Las breves de la semana…
Por cierto. Hay un nuevo personaje que impactó con su presencia a los reporteros de la fuente policiaca. Se trata de un masculino, que descendió de una camioneta blindada —y no de las que trae Cuellar—, fuertemente armado y muy bien escoltado, quien revisó la escena de la masacre del martes negro en Zumpango y luego se retiró…
La magistrada Fanny Margarita Amador Montes, una de las presidentas de los Tribunales Superiores de Justicia en el país peor evaluadas por la ciudadanía. ¿Por qué será?…
Ya cayeron en manos de la justicia de los Estados Unidos, dos de los narcopolíticos de Morena requeridos para su enjuiciamiento. Faltan los peces gordos, el gobernador de Sinaloa con licencia Rubén Rocha y el Senador Enrique Inzunza. Ahora, la verdadera pregunta, no debería ser: si van a caer al bote por sus fechorías, sino cuándo. Las manecillas del reloj siguen su marcha.
Hasta la próxima. Y ojalá para entonces, sepamos si entre la lista de los nuevos no extraditables a la Unión Americana se encuentra algún personaje ligado al gobierno de Tlaxcala. ¡Hagan sus apuestas!…