Señorío Tlaxcalteca… Qué se necesita para ver la inseguridad en
Señorío Tlaxcalteca… Qué se necesita para ver la inseguridad en Tlaxcala
Opinión de Martín Ruiz
¿Cuántas mujeres más deben morir en Tlaxcala para que la gobernadora muestre empatía y frene la violencia en su contra?
En Tlaxcala, la violencia contra las mujeres no es un asunto de estadísticas frías, sino de vidas truncadas, familias destrozadas y un silencio institucional que duele tanto como los crímenes mismos.
Desde que Lorena Cuéllar Cisneros asumió la gubernatura en agosto de 2021, el estado ha registrado decenas de feminicidios y muertes violentas de mujeres, según datos de colectivos y reportes oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Sin embargo, lo más alarmante no son solo las cifras, sino la ausencia sistemática de empatía, reconocimiento y acción decidida por parte de la mandataria. Peor aún, es la negación sistemática de que Tlaxcala vive la etapa más crítica de inseguridad de su historia.
De acuerdo con información oficial y reportes de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJET) al SESNSP, Tlaxcala ha visto fluctuaciones en las carpetas por feminicidio. Años como 2021 registraron picos altos a nivel nacional, con decenas de casos investigados, mientras que en 2025 la cifra oficial reportada hasta noviembre fue de alrededor de siete.
Esto contrasta fuertemente con los 27 documentados por el Colectivo Mujer y Utopía (CMU), que incluye muertes violentas de mujeres. Entre 2021 y 2025, se estima que alrededor de 131 mujeres fueron asesinadas en el estado, con variaciones anuales: picos en 2021 (cerca de 37), descensos y repuntes posteriores (22 en 2022 y 2023, 34-35 en 2024).
Estas cifras, aunque oficiales, presentan serios subregistros, ya que muchos casos no se tipifican siempre como feminicidio. Revelan una realidad cruda: Tlaxcala no es inmune a la violencia machista. Casos emblemáticos ilustran esta tragedia.
Recordemos a la joven asesinada en Huamantla, donde el presunto responsable fue abatido por ministeriales, sin que se esclareciera plenamente el feminicidio. El asesinato de la empresaria pastelera Donají N. a manos —según las presunciones— de Delfino Chamorro, un ex funcionario ligado al entorno gubernamental.
Se sabe de varios asesinatos de mujeres o el doble homicidio del matrimonio poblano Tello Ruiz en territorio tlaxcalteca, que dejó hijos huérfanos. Cuerpos tirados en carreteras o barrancas, asaltos a madres en bancos y una lista que se alarga sin que la voz oficial exprese duelo o preocupación.
Lo más reciente es realmente espeluznante: ayer encontraron en Atltzayanca el cuerpo de una mujer poblana, víctima de una mala práctica médica, y el de una mujer tlaxcalteca, conductora de la aplicación DiDi, quien durante más de 10 días estuvo desaparecida ante la angustia manifiesta de familiares y amigos, sin recibir apoyo de las autoridades estatales. Fue localizada sin vida, con signos de descomposición, en la comunidad de San Miguel Contla.
La gobernadora Cuéllar Cisneros ha brillado por su ausencia en estas tragedias. Nunca está presente, salvo para una fiesta familiar privada o bailes ridículos en actos oficiales. Y, más indignante aún, parece más ocupada en mantener a sus dos hijas nadando en el ejercicio del presupuesto público.
Nunca ha habido un solo mensaje de pésame público a las familias, ni visitas a los velatorios para expresar su apoyo, ni convocatorias a marchas de solidaridad, ni ruedas de prensa ofreciendo y garantizando justicia.
Su empatía parece selectiva: sí “enalteció el esfuerzo ejemplar” de su trabajadora doméstica por comprar lavadora, coche y casa con su salario, en un discurso que muchos tlaxcaltecas percibieron como una burla paternalista hacia las mujeres del estado.
O promovió a su peinadora como presidenta municipal de Axocomanitla (hoy señalada por presuntos desvíos millonarios). Pero para las víctimas anónimas, el silencio es ensordecedor. “Mujer que no está en mi círculo, no me importa”, parece ser el mensaje implícito.
Esta falta de empatía es el síntoma preocupante de una gobernanza que prioriza la imagen sobre la sustancia. Cuéllar ha presumido reducciones en la incidencia delictiva general y ha afirmado que la trata de personas “ya no existe” en Tlaxcala, pese a que el estado mantiene una reputación histórica como epicentro de redes de explotación sexual, con denuncias persistentes de prostitución visible, rescates de víctimas y activistas que documentan casos continuos.
Negar la trata no la erradica; la invisibiliza y deja a las mujeres más vulnerables expuestas.
La violencia contra las mujeres va más allá de los terribles feminicidios. Reportes acumulados muestran miles de llamadas al 911 por violencia de pareja, con incrementos significativos. Existe tolerancia u omisiones hacia colaboradores acusados de ser deudores alimentarios o violentadores.
La impunidad ronda el 98 % en algunos estimados de colectivos, y los protocolos de atención parecen más reactivos que preventivos.
La desaprobación constante de la gobernadora en las encuestas, especialmente entre las mujeres tlaxcaltecas, no surge de la nada. Refleja el hartazgo de una población que ve cómo los recursos se destinan a obras visibles o lealtades políticas, mientras las víctimas de género quedan en el olvido.
La gobernadora tampoco dialoga con las mujeres activistas que exigen empatía, atención y justicia, ni llora con las madres tlaxcaltecas que entierran hijas, hermanas, madres o abuelas, como la hija menor de la mujer policía asesinada en San Pablo del Monte.
Lorena no se solidariza con los huérfanos del matrimonio Tello Ruiz, ni exige cuentas por los cuerpos encontrados en las fronteras de Tlaxcala con Puebla.
Esta indiferencia institucional revictimiza.
Cada feminicidio no atendido con empatía envía el mensaje de que la vida de una mujer tlaxcalteca es prescindible si no sirve políticamente. Las familias no solo pierden a sus seres queridos; pierden fe en las instituciones. Los colectivos llenan el vacío que el gobierno deja, documentando casos que las cifras oficiales minimizan.
Tlaxcala merece una gobernadora que reconozca el dolor de sus mujeres, que dé la cara ante cada tragedia, que impulse políticas integrales contra la violencia de género, la trata y la impunidad, y no solo discursos de “avances” y “transformación”. Lorena Cuéllar Cisneros ha tenido años para demostrar que las mujeres importan más allá de su círculo cercano. Hasta ahora, ha fallado.
Las tlaxcaltecas no piden lástima; exigen justicia, verdad y empatía real. ¿Cuántas mujeres más deben morir para que la mandataria muestre que le importan? El silencio ya no es opción. La sangre de las víctimas clama justicia, no más omisiones disfrazadas de gestión exitosa.
Qué se necesita para ver la inseguridad en Tlaxcala – Señorio Tlaxcalteca