Opinión de Isael Pérez Olivier
A escasos dos meses de que concluya su quinto año de gobierno y ante el creciente rumor de que será el último de su sexenio, Lorena Cuéllar Cisneros transita por su peor momento. Y no. No solo porque se le está complicando la continuidad del proyecto político; sino porque no logró concretar sus sueños húmedos de reescribir la historia —eslogan que, por cierto, al paso del tiempo— se convirtió en un simple relato de su fracaso. Uno, que echó cimientos bajo la creciente sospecha y señalamientos de corrupción y la sombra siempre presente del más descarado nepotismo. ¡Sí!. Le hablo del fracaso que permitió y convirtió a Tlaxcala en bodega, oficina de negocios y patio de recreo de grupos vinculados a los grandes cárteles de la droga en el país y a otros grupos de la delincuencia organizada que encontraron cobijo para sus actividades criminales. ¡Ajá!. Es ese mismísimo fracaso que intentaron ocultar con capas y capas de mentiras y desinformación desde la prístina e impoluta Coordinación de Comunicación Social del gobierno del estado, siempre a cargo de toda clase de charlatanes que nunca lograron su cometido.
Sí. Damas, caballeros y personas de los géneros no binarios, la espiral ascendente de criminalidad asociada a la delincuencia organizada y la estrategia fallida de comunicación oficial, aunado a los excesos del poder, la corrupción y el nepotismo son los lastres que hundieron en su miseria a la administración, que se habrá de recordar, como el peor accidente político en la historia reciente del estado. Lejos, muy lejos de las expectativas que generó la llegada de la segunda mujer gobernadora y la más votada de toda la historia del mundo mundial, como a ella se refieren, sus propagandistas y corifeos.
Entonces, no. No fue la prensa independiente la que desgastó la imagen institucional de Lorena Cuéllar; tampoco se debe su desgracia a las casas encuestadoras más prestigiosas del país, que en su gran mayoría colocan a la mandataria estatal en los últimos lugares del ranking nacional de gobernadores por sus altos niveles de desaprobación ciudadana; y menos aún a los partidos políticos de oposición al régimen —que, dicho sea de paso, en todo este tiempo asumieron un papel de timoratos—. Nel. Lo que hoy experimenta la titular del Poder Ejecutivo es el efecto de cinco años de pésimas decisiones, que la convirtieron en víctima de su propio éxito. Y nada más.
Porque las sombras de la corrupción y el nepotismo nunca las logró disipar; por el contrario, la percepción ciudadana se mantuvo en que la administración favoreció a círculos cercanos y familiares, replicando las prácticas que decía combatir; mientras que el desastre en materia de seguridad, fue más que evidente y tuvo su propio costo político. Al respecto, datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que entre 2023 y 2025 los homicidios dolosos crecieron un 18 por ciento, mientras que los delitos relacionados con el narcotráfico se dispararon. Y que conste que falta conocer las estadísticas finales de 2026, que ha sido por mucho, el año más violento del que se tenga registro.
Tan es así, que el discurso oficial de: “Tlaxcala es el estado más seguro del país” se derrumbó frente a la abrumadora evidencia. La negación sistemática de la gobernadora frente a los hechos no solo debilitó la confianza ciudadana, sino que generó la percepción de complicidad o, en el mejor de los casos, de incapacidad. Crisis que se sumó a la pésima estrategia de comunicación social que se refugió en boletines triunfalistas y campañas de imagen que contrastaban con la realidad cotidiana. Y por si eso fuera poco, la confrontación de sus voceros con periodistas críticos y el aislamiento frente a medios independientes terminaron por cerrar los canales de diálogo. En lugar de transparentar cifras y reconocer problemas, la narrativa oficial se convirtió en un muro de negación y el resultado fue devastador: la ciudadanía dejó de creer en el gobierno y los mensajes institucionales se transformaron en propaganda absurda.
Así es que, los datos de las casas encuestadoras resultan contundentes. La ciudadanía percibe el sexenio como una catástrofe. Corrupción, nepotismo, excesos del poder, inseguridad y una comunicación social desastrosa, son las causas del hundimiento de la administración de Lorena Cuéllar Cisneros. Por eso, que la mandataria tlaxcalteca aparezca en los últimos lugares del ranking nacional de gobernadores no es sorpresa, sino una consecuencia lógica de una gestión que eligió negar la realidad en lugar de enfrentarla, dejando la sensación de un estado más vulnerable, una ciudadanía más desconfiada y un gobierno que pasará a la historia por convertir sus promesas vacías en su ruina total.
Este hundimiento no fue inesperado ni repentino; estuvo anunciado desde el momento en que la administración decidió blindarse con camionetas de lujo, discursos tramposos y propaganda barata en lugar de asumir la responsabilidad constitucional de garantizar la seguridad pública. Sí. Su responsabilidad, porque el artículo 21 de la Constitución mexicana establece que la seguridad es una función del Estado, y la omisión en este deber no solo es un fracaso político, sino una falta grave frente a la ciudadanía.
Sí. Ya sé. Y aunque a los pocos fanáticos de la administración estatal no les guste, la verdad es que: “La nueva historia” terminó convertida en un naufragio y el sexenio de Lorena Cuéllar Cisneros en una tragedia, que se pudo evitar, si la ciudadana hubiera gobernado con la fuerza de la razón y no con la simulación y menos con sus vísceras. En fin…
¡Se tenía qué decir y se dijo!
Las breves de la semana…
Por cierto. En el estado más seguro del país, siguen los hallazgos de cuerpos humanos calcinados, las ejecuciones públicas en lugares concurridos y hasta ataques armados en los velorios. Y no nada más eso, sino también siguen cobrando sus sueldos íntegros el Secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Martín Perea “Mafufo” y la Fiscal General del Estado, Ernestina Carro Roldán. ¡Pinche incongruencia!…
Tras casi ocho años de estar pegada al hueso, por fin “Ana Goku” soltó la nómina del Senado de la República y su lugar fue ocupado por su suplente, Eréndira Cova Brindis. Al fin “La diva de Cuaula” se medirá en tierra con el “Pañalón” o, mejor dicho, con las estructuras de Beatriz y Lorena. ¡Ay tiro Carlitos, hay tiro!…
Hasta la próxima. Y porque no es lo mismo ¡Huele a traste, qué a tras… de la raya que estoy trabajando!, ojalá para entonces o muy PRONTO, ya estén abiertas las inscripciones para los cursos que ofrecerá la Secretaría de las Mujeres del estado, impartidos por choferes de plataforma de muy alto bagaje lingüístico, y claro, por la mismísima “Reina del Albur”, la señora Cano.