Las blindadas, entre la opacidad y la corrupcion de la administración Cuéllar…
Opinión de Isael Pérez Olivier
Las cornetas del lorenismo, tocan retirada.
Los estrategas políticos de Lorena Cuéllar Cisneros se devanan los sesos tratando de evitar más daño a la imagen de la gobernadora, mientras alistan los últimos detalles para que la segunda mujer más votada del mundo mundial deponga el cargo. Y es que, al parecer, las lujosas camionetas tope de gama con el blindaje más alto del mercado para brindarle seguridad y protección a ella, a sus hijas, a su esposo y hasta para un empresario del ramo de la construcción de origen poblano y de apellido Nava; cuyo costo, extraoficialmente, superó los 60 millones de pesos, pagados con nuestros impuestos, se convirtieron en los clavos de su ataúd y es un pequeño secreto que la Gobernadora está más que dispuesta a llevarse a la tumba.
Sí, damas, caballeros y personas de los géneros no binarios, esas lujosas suburban que ni Obama tiene, generaron un impacto demoledor en la percepción ciudadana que mandó a la lona a la mandataria estatal en las encuestas de opinión pública realizadas por empresas nacionales de irrefutable prestigio. Y esto es así, porque ni sus pésimas decisiones administrativas, ni el nepotismo que la caracteriza, ni sus recurrentes viajes al extranjero, ni sus constantes y costosas cirugías estéticas o incluso los 880 millones de pesos que le observó la Auditoría Superior de la Federación, lograron lo que las blindadas sí: poner al descubierto la opacidad y la corrupción en la administración estatal, que sumado a la ola de violencia que azota a Tlaxcala, resultaron la fórmula perfecta para terminar con el desastre llamado “la nueva historia”.
Y no. No se trata de descubrir el agua tibia ni de inventar el hilo negro, sino de poner al descubierto el posible y muy probable daño patrimonial al erario, por parte de un gobierno que de pendejos e ignorantes no nos baja, cuando se trata de solicitarle cuentas claras sobre el manejo de los recursos públicos.
Sí, porque a pesar de todos los esfuerzos de la prensa para conocer los pormenores de esa compra millonaria, desde el gobierno de Tlaxcala, siguen en su afán de no aclarar el tema a la opinión pública. Ajá, Cuéllar oculta información sobre la inversión que le representó la compra de esos camionetones al erario estatal; cuántas unidades son; con qué partida se pagaron; con qué licitación pública se adquirieron, pero sobre todo, a quiénes y por qué les fueron asignadas las unidades blindadas.
No encuentro lógica en sus decisiones, y saltan a mi mente algunas preguntas, como: ¿De qué o de quién se protege?. ¿De los malos?. No lo creo, porque con esos convive en fiestas privadas, o al menos, con alguno de ellos se dejó fotografiar. ¿O quizás y mejor aún, del pueblo bueno y sabio que le otorgó su confianza en las urnas y al que despreció y traicionó?. No lo sé, porque la ciudadanía ya hizo lo único que le toca y le correspondía, quitarle el apoyo y su confianza.
Pero lo que sí sé, es que la integridad física o la vida de Lorena Cuéllar Cisneros como persona o como gobernadora, no vale más que la de Usted o la mía. También sé, que aún cuando con sus argumentos falaces pretenden imponer esa escala de valores, en Tlaxcala no hay ciudadanos de primera ni de segunda, y por lo tanto, me niego a aceptar que la familia de Usted y la mía, tengan que ser carne de cañón en esta etapa sangrienta que nos tocó vivir de la mano de Morena y de la 4 T, mientras los gobernantes se esconden tras vidrios blindados.
Así es que, si se va, pues que se vaya; pero que deje las camionetas, aunque estoy seguro que se las va a llevar, pues para eso mandó a modificar la Ley de Seguridad. ¿O me equivoco?…
¡Se tenía qué decir y se dijo!
Las breves de la semana…
Y mientras se aferra con uñas y dientes a lo poco que ya le queda del hueso, la mandataria no perdió la oportunidad de hacerle su tercer informe de actividades a la presidenta honorífica del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia; o sea, a su hija mayor, Marianita. Puro humo, pero bueno. Y como ya se hizo costumbre, los Ortiz fueron los padrinos de salón en el nido de las garzas…
Por cierto, otra vez ningunean a los militantes de Morena, pues como se adelantaba la semana pasada, llegó a la delegación del Infonavit, la sobrina de los Ortiz. Ajá, la señora de las cachetadas, como cuota de poder a la familia dueña del Partido Alianza Ciudadana. Y todo, porque a Ustedes, los Morenos de cepa, les falta abolengo. ¿Cómo les quedó el ojo? …
El relevo que más expectativas crea en los últimos días, es el de la delegación de la Secretaría de Bienestar. Estaba cantado que sería para la esposa de César Yáñez y pronto se habrá de concretar. Así es que, el sistema de pesos y contrapesos en la política estatal está en marcha, aunque hay quienes juran y perjuran que el verdadero power lo tiene el grupo Sánchez Anaya, que, ante la precaria salud del exgobernador, lo encabeza Marcela González Castillo y su esposo, el lerdo alcalde de la capital. No lo sé, pero en política nada es lo que parece…
El Secretario de Seguridad Alberto Perea Marrufo, dijo, algo más o menos así, que no hay delincuencia organizada establecida en Tlaxcala y que sólo llegan los mañosos para ocuparlo como patio de recreo. ¡ A Caray!. Menos mal. Ya me siento más tranquilo.
Hasta la próxima…