COSA PÚBLICA… AAmargo adiós
Opinión de Albino Rubio Moreno
La reciente salida de Gilberto Silva del PRI en Tlaxcala no es solo un cambio de filas políticas, sino un síntoma de un sistema que se resiste a morir, pero que ya no sabe cómo sobrevivir. Silva, quien fuera secretario de Comunicaciones y Transportes en la entidad, no llega a esta despedida con las manos limpias. Su nombre quedó marcado por las acusaciones de operar una red de “coyotaje” antes de asumir el cargo, una práctica que, aunque nunca le costó una condena, sí le dejó un rastro de desconfianza y cuestionamientos que lo acompañaron durante su gestión.
Pero más allá de las acusaciones, lo que llama la atención es cómo Silva ha construido su carrera política sobre las bases de las “viejas glorias”. Es de esos personajes que se aferran a un pasado que, en su mente, fue glorioso, pero que en la realidad fue más bien gris.
Ha vivido políticamente de su historial dentro del PRI, un partido que en su momento fue el “partidazo”, la maquinaria imparable de la política mexicana. Desde los primeros niveles de decisión hasta llegar a ser funcionario público, Silva escaló gracias al partido que hoy decide abandonar. Y lo hace, curiosamente, con la intención de volver a vivir del erario, como si el tiempo no hubiera pasado y como si su nombre no estuviera ya desgastado.
Lo más irónico de todo es que Silva pretende vender caro su amor al PRI, como si de espejitos se tratase. Parece creer que su relevancia política es incuestionable, que su experiencia y su pasado son suficientes para justificar su presencia en el escenario público. Pero se le olvida que la política ya no es lo que era.
Los tiempos han cambiado, y la ciudadanía está cada vez menos dispuesta a tolerar a quienes ven la función pública como un botín personal. Silva, al igual que otros de su generación, parece no entender que las glorias pasadas no son suficientes para garantizar un futuro en la política.
Su salida del PRI no es solo el fin de una etapa personal, sino un reflejo de un partido que lucha por reinventarse en un contexto donde la corrupción y el clientelismo ya no son tolerados como antes. El PRI, que alguna vez fue la maquinaria política más poderosa de México, hoy enfrenta el desafío de reconstruirse desde sus bases, y figuras como Silva, con su carga de controversias y su falta de autocrítica, no parecen ser parte de esa renovación.
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