COSA PÚBLICA… “Jóvenes sin futuro”: el verdadero legado de una “genialidad”
Opinión de Albino Rubio Moreno
La senadora tlaxcalteca Ana Lilia Rivera, fiel a su costumbre de aplaudir sin cuestionar, declaró recientemente que el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” fue una “genialidad” del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Las palabras, más que desafortunadas, revelan el nivel de desconexión de algunos legisladores con la realidad que vive el país. Porque no, senadora, no es ninguna genialidad regalar dinero a cambio de nada, menos aún cuando ese dinero proviene de los impuestos que ciudadanos honestos pagan esperando mejores servicios, más educación y verdadero desarrollo.
Basta revisar las cifras y reportes oficiales para comprobar que el programa ha sido más un paliativo electoral que una verdadera herramienta de movilidad social. Investigaciones de la Auditoría Superior de la Federación han documentado inconsistencias, padrones duplicados, falta de supervisión y empresas fantasma registradas como “centros de trabajo”. Organizaciones de la sociedad civil han advertido sobre el uso clientelar de los recursos y académicos han cuestionado que, lejos de reducir el desempleo juvenil o mejorar habilidades productivas, el programa ha reforzado el asistencialismo pasivo.
El programa no construye el futuro de nadie. En lugar de fomentar el deseo de estudiar o capacitarse, ha creado una generación de jóvenes que ya no quieren seguir preparándose ni entienden el valor de ganarse un salario. Lo que el gobierno llama apoyo, muchos empleadores lo llaman obstáculo: jóvenes que llegan tarde, que no asumen compromisos o que simplemente esperan el depósito quincenal sin mayor interés en aprender. No es culpa de ellos. Es culpa de quienes diseñaron un programa sin rumbo, sin objetivos educativos claros y sin seguimiento real.
La senadora Rivera, en su afán por quedar bien con quien hoy es cada vez más señalado por redes de corrupción y vínculos de dudosa procedencia, prefiere seguir el guion del aplauso fácil y la frase hueca. Pero Tlaxcala no necesita porristas del poder. Necesita representantes que piensen, cuestionen y propongan. Si su estrategia para ganar la candidatura de Morena a la gubernatura es reproducir sin filtros el discurso de un expresidente cada vez más cuestionado, lo único que está construyendo es una traición directa al pueblo al que dice representar.
Lo está destruyendo al país es el silencio cómplice, el clientelismo institucionalizado y los legisladores del partido en el poder que prefieren seguir una línea antes que defender a quienes los eligieron. Eso no es futuro. Es retroceso, uno que tanto criticaron para llagar a los puestos desde donde ahora intentan mirar para abajo al pueblo.
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