COSA PÚBLICA… La disculpa que nunca llegó
Opinión de Albino Rubio Moreno
¡Hay silencios que pesan más que los insultos!
Han pasado ocho días desde que la senadora, la misma que confunde la geografía al creer que Taiwán es parte de México, se sentó frente a las cámaras y decidió llamar estúpidos a quienes cuestionan su trabajo legislativo.
Durante este tiempo, los periodistas y el pueblo tlaxcalteca aguardaron lo elemental, una disculpa. No una estrategia de control de daños, no un comunicado tibio, solo ese gesto mínimo que aparece cuando alguien reconoce el error, reflexiona y entiende que el poder no concede licencia para insultar, pero no pasó.
En su lugar, apareció algo peor, la justificación, una segunda bofetada todavía más fría, la cual intentó disfrazar la ofensa como malentendido, solo que cuando se hiere dos veces, primero con el insulto y luego con la soberbia, ya no se trata de un desliz, más bien de una postura.
Y si el agravio fue público, más pública fue la complicidad. Ahí estuvo en primera fila el presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala, el mismo que debía alzar la voz por su gremio, por la dignidad del oficio y por el respeto a los lectores.
En vez de eso, optó por bajar la cabeza y sacar brillo al chayote, pues el insulto, dijo, no era el problema, era la piel “delgada” de quienes se sintieron ofendidos.
Cuando quien representa a los periodistas decide convertirse en escudo del poder, el periodismo pierde algo más que credibilidad, pierde sentido.
Ese respaldo dócil, ese discurso que huele a complacencia, traiciona al gremio y normaliza la descalificación como forma de gobernar.
Ahora hay una senadora que insulta, un dirigente que justifica y una disculpa que jamás apareció, no porque no hiciera falta, sino porque nunca se pensó necesaria.
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