El Bestiario…El miedo en las calles y el 2027 desde la capital
Opinión de Edgar García Gallegos
La gente tiene miedo. Caminar por las calles del municipio de Tlaxcala se ha vuelto una apuesta diaria contra la suerte. La inseguridad ya no es una percepción: es una vivencia constante. Los asaltos, los robos, la impunidad. Y lo más preocupante: la normalización del terror.
El problema es grave en todo el estado, pero hoy el foco está en un territorio que debería ser símbolo de orden y autoridad: la capital, donde reside el poder Ejecutivo local y donde gobierna Alfonso Sánchez García, el alcalde que quiere ser gobernador.
Desde hace semanas, el municipio vive un tiradero de culpas entre el gobierno estatal y el municipal. Que si es zona estatal, que si no le toca a la policía local, que si es un tema de estrategia federal. Lo cierto es que los delincuentes no distinguen jurisdicciones. Ellos actúan con libertad, mientras las autoridades se deslindan responsabilidades.
Pero esta historia no se queda en las patrullas ni en los baches sin tapar. Aquí lo que está en juego es el futuro político de Tlaxcala. Porque Alfonso Sánchez es el delfín del lorenismo, el rostro que desde ahora se posiciona como favorito del aparato para la sucesión del 2027. Eventos, foros, asociaciones de presidentes municipales: todo parece armar el camino.
Sin embargo, hay una pregunta que no se ha respondido en las calles, pero sí se murmura en los pasillos del poder: ¿Puede alguien que no garantiza seguridad en la capital, aspirar a gobernar todo el estado?
Porque la capital duele. Duele en cada bache que rompe suspensiones. Duele en cada mujer que teme salir de noche. Duele en cada usuario del transporte público que es despojado a punta de pistola. Duele cuando la policía municipal dice que “esa zona le corresponde al estado”, mientras los asaltantes se esfuman sin castigo.
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