Señorío Tlaxcalteca… Qué gana Tlaxcala con los viajes de Cuéllar
Por Martín Ruiz
El combate a la corrupción es una pantomima en Tlaxcala.
La fabricación de delitos y la impartición de justicia a modo para satisfacer venganzas es lo de hoy.
La acusación y proceso penal contra el ex presidente municipal de Zacatelco, Hildeberto N., fue una burda mascarada, una vil simulación, una comedia barata y una monumental farsa que deja un pésimo sabor de boca.
El ex munícipe que tuvo la osadía de retar al sensible secretario de Gobierno de Tlaxcala, el morelense Luis Antonio Ramírez Hernández, enfrentó una persecución en la que se usó descaradamente al Órgano de Fiscalización Superior, la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción (FECC) adscrita a la Fiscalía General de Justicia del Estado y el Tribunal Superior de Justicia del Estado.
Todos armaron un expediente que por arte de magia se integró al encontrar un probable desfalco de casi 10 millones de pesos que derivó en una liberación casi inmediata de una orden de aprehensión que se autorizó en horas y que en menos de un día se ejecutó, para después cerrar la investigación el pasado 26 de septiembre y casi un mes después lograr una sentencia al famoso “Cachorro” que recibió una condena de seis meses de prisión y una reparación del daño consistente en pagar la cantidad de dos millones 233 mil 877 pesos a favor del ayuntamiento de Zacatelco.
No cabe duda que cuando se quiere y se ordena la justicia en pronta y expedita, lo malo que eso sólo ocurre para los enemigos de los influyentes, porque los ciudadanos y las ciudadanas deben padecer y agotar los tiempos legales y las instancias para lograr que sus denuncias por algún delito avancen y llegue a una sentencia condenatoria.
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