Señorío Tlaxcalteca… Una vulgar comedia lo sucedido en Casa de
Donald Trump no es un político, ni con mucho y a pesar de que comenzó en la política de altos niveles hace diez años. Es un empresario acostumbrado a negociar en el modelo de ganar-ganar, inclusive sacrificando salidas colaterales como ganar perdiendo, perder ganando o perder perdiendo.
La experiencia de sus cuatro años de gobierno 2017-2021 mostraron a un Trump que dejó la imagen de un funcionario caprichoso, berrinchudo e intolerante, pero detrás de esa máscara se percibió a un empresario que se negó a seguir las reglas de la política y la diplomacia, tomó decisiones en función de resultados últimos y sus únicos estimulantes fueron su Twitter y el refresco de cola con edulcorante artificial.
Trump, como funcionario, es un empresario que detesta las reglas políticas y diplomáticas del Estado. Con la mano en la cintura despidió arbitrariamente a muchos de sus funcionarios que trataban de convencerlo con razones propias de los compromisos del sector público, e inclusive repudiando consejos que lo hubieran llevado al mismo resultado exitoso pero con menos exabruptos detestables.
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