Crónica adelantada del 1 de junio
Opinión de
Sales a las 12:30, tranquilo porque nada indica que las casillas vayan a estar llenas, a pesar de que llenar sin acordeón y pensadamente las boletas te toma algo así como dos horas y media. Decides caminar. Cuatro kilómetros y medio no es gran cosa para cumplir con la democracia popular y judicial, y el día anterior no hiciste cardio. Te topas con un desfiladero de camiones del que bajan personas que preguntan: “¿Van a pasar lista?”, coordinadas por otras personas que llevan chalecos con el logo de Morena. Por las conversaciones pescadas al vuelo, te das cuenta de que son trabajadores del gobierno de la CDMX.
Al kilómetro y medio, te ves obligado a aceptar que no te sientes muy bien. Hace calor; en la tierra chilanga llueve normalmente por la tarde y las mañanas son bochornosas. Entonces ves la cola. Están repartiendo lo que parecen frutsis. “Qué chido que los frutsis hayan sobrevivido al neoliberalismo” –te dices–. Con el bajón que llevas, un líquido con azúcar es una bendición y, sobre todo, un combustible indispensable para enfrentar la responsabilidad de elegir a algo así como 378 personas, algunas con especialidades como el derecho mercantil o el constitucional. “A ver si tienen de uva”, piensas, anhelas. En la fila, descubres que el frutsi no va solo. Lo acompaña un sándwich de otra cosa que te sorprende que haya sobrevivido a la globalización: el queso de puerco. Sí, el áspic mexicano. Cuando te das cuenta de que tienes que identificarte como trabajador del gobierno, renuncias. “Voy al Oxxo”, te dices.
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