De política y cosas peores
Opinión de
Obra en mi poder -así se decía antes- una pésima película: “Red sun”. La compré porque fue dirigida por un muy buen cineasta, Terence Young, y porque en ella actúan tres iconos del cine internacional: Charles Bronson, Toshiro Mifune y Alain Delon. El tal “Sol rojo” resultó ser un reverendo bodrio. Su trama excede los límites de lo risible. Un samurái japonés y un pistolero americano se unen para rescatar la espada de oro que el primer embajador de Japón en Estados Unidos llevaba de regalo al Presidente norteamericano, y que se robó un bandolero francés. Una buena película sólo puede hacerse a partir de un buen guion, y éste se parece al de “Los charros contra la momia azteca”. El film tiene una escena en la cual el pistolero gringo se queja de los mosquitos que lo asedian en el sitio donde se dispone a dormir aquella oscura noche. “Hay uno nada más” -decreta en medio de las sombras el samurai nipón. Saca su espada y da con ella un golpe en la tiniebla. “Ya no hay ninguno” -anuncia. Eso me hizo recordar dos cosas. La primera, unos versos que improvisó el poeta Marcelino Dávalos cuando visitó Saltillo, mi ciudad, y sufrió en su cama el acoso de los que llamamos por acá “zancudos”. Escribió el bardo dirigiéndose al zumbador insecto: “Haz como piojos o chinches, / que tienen educación. / Pícame hasta que te hinches / ¡pero no chifles, cabrón!”.
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