Señorío Tlaxcalteca… Una vulgar comedia lo sucedido en Casa de
El caos al que vamos
Opinión de
La reforma judicial, cimentada en ilegalidades y violaciones a la ley, conduce al país al caos. El experimento electoral al que vamos coloca a los mexicanos en una posición incómoda: participar en una elección que no cumple con los mínimos estándares y legitimarla, o no participar y entregar a la 4T el control del Poder Judicial. Nada saldrá bien. La pregunta, a menos de dos semanas del domingo 1 de junio, es cada vez más recurrente: ¿votar o no votar? En otros términos: ¿legitimar o no un proceso que está viciado de origen?
La manera en que se construyó la reforma violó el marco jurídico actual. Se desacataron órdenes y mandatos judiciales, se legisló al vapor y se aprobó en sesiones —tanto en Cámara de Diputados, como en el Senado— que estuvieron lejos de la pulcritud. Esa reforma, que dio pie al proceso electoral, transgredió la Constitución dinamitando la separación de poderes. Si el camino legislativo estuvo salpicado de irregularidades, el proceso electoral en curso no es más aseado.
Hay decenas de candidatos —que superaron el “filtro” en que debieron convertirse los Comités de Evaluación— ligados a la delincuencia organizada e incluso algunos que fueron sentenciados por narcotráfico; miles de afiliados de Morena (casi 21 mil, según el INE) que intentaron registrarse como observadores electorales; por primera vez en décadas, los funcionarios de casilla no contarán los votos; y por primera vez en el siglo, los ciudadanos no sabremos quiénes ganaron los comicios, sino hasta 10 o 15 días después… aunque ya lo podemos prever.
La columna completa, aquí: