El desabasto heredado
“Me dejo de llamar Andrés Manuel (si no se resuelve el desabasto)”, “el sistema de salud de México ya es mejor que el de Dinamarca”, “no hay desabasto de medicamentos”, fueron frases repetidas hasta la saciedad por el expresidente. Todavía al cierre de su administración insistió en todas y cada una de ellas. Ojalá con saliva se transformara la realidad, pero no.
El desastre heredado es tal, que uno de los primeros volantazos que la presidenta decidió dar, además del aquel con el que ajustó la estrategia de seguridad, fue en el esquema de compra y adquisición de medicamentos. A principios de este año, reconoció lo obvio: le dejaron un tiradero y hay desabasto de medicamentos.
Apenas en la primera quincena del año su gobierno presentó un nuevo esquema para garantizar el abasto, volver eficientes las compras, no despilfarrar recursos y acabar con la corrupción. El encargado, el subsecretario de Salud, Eduardo Clark, un buen funcionario público, técnico que entiende bien de tecnología y sus beneficios si son aplicados correctamente en la administración pública.
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