El trato de AMLO al crimen organizado
Hay afirmaciones que se vuelven locas. Florestán
Las desapariciones forzadas son, con el homicidio doloso, la estadística más grave, pero más representativa del desastre de violencia que dejó el presidente López Obrador.
Antes de tomar posesión el uno de diciembre de 2018, repitió que al llegar a la presidencia los homicidios dolosos se reducirían a la mitad, cuando el régimen de Enrique Peña Nieto le dejó un saldo de 156 mil, y terminó su gestión en 199 mil 621.
Ese, el engaño, fue su constante de gobierno marcado por el disparo de la inseguridad, la violencia, la expansión y diversificación del crimen organizado como nunca que cubrió con el karma, que no política pública, de abrazos y no balazos.
A lo largo de su gestión defendió más a los criminales que a los desaparecidos, 52 mil, y ya no se diga a las madres buscadoras, que nunca escuchó y tachó de politiqueras y grillas.
Pero, eso sí, a los criminales siempre los trató de señor: el señor Guzmán Loera, por aquí, el señor Zambada, por allá, mientras a los periodistas los insultaba y buscaba demeritar, sin lograrlo al final, aunque dejó a un heredero a cargo: Jesús Ramírez Cuevas y su red de sicarios que sigue a sus órdenes y financiando.
En la mañanera del uno de mayo, López Obrador declaró: Nosotros cuidamos a los integrantes del crimen organizado porque también son seres humanos.
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