Elección tramposa
Opinión de
Todo comenzó con un exceso: la sobrerrepresentación legislativa lograda por Morena en las elecciones de 2024. Con apenas 54% de los votos, el oficialismo consiguió hacerse del 75% de los escaños en el Congreso, gracias a una ingeniería electoral plagada de mañas y simulaciones. Ese es el punto de partida, el momento clave que ha permitido a Morena modificar a placer las reglas del juego. Con ese dominio absoluto, pudieron entonces abrir paso, sin contrapesos y sin un debate real, a la reforma judicial más ambiciosa de los últimos tiempos: una reforma que no nació del clamor ciudadano, sino de la voluntad política del poder.
Una vez aprobada la reforma, vino la instrumentación del control. Se recurrió a una tómbola supuestamente imparcial para designar a los primeros aspirantes, omitiendo cualquier criterio técnico, de experiencia o independencia. A continuación, se aplicaron filtros legislativos en los que las bancadas leales al gobierno se encargaron de depurar las listas, privilegiando a los perfiles más cercanos al oficialismo. A esto se sumaron campañas propagandísticas disfrazadas de información ciudadana, cuyo propósito fue dar legitimidad a una elección que nunca pretendió ser neutral.
El acto final vino con los famosos acordeones: hojas impresas con listas de candidatos “sugeridos” que circularon sin pudor entre los votantes. Lo más notable es que esos nombres fueron en todos los casos, los que terminaron ganando. La elección fue una puesta en escena, cuidadosamente ensayada, donde el resultado ya estaba decidido antes de que el primer ciudadano acudiera a las urnas.
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