En el asesinato está el mensaje
El asesinato de Ximena Guzmán y José Muñoz, secretaria particular y asesor de la jefa de gobierno capitalina Clara Brugada, trasciende las crónicas de inseguridad que se viven cotidianamente en todo el país. Fue una ejecución de dos personas de la mayor confianza y cercanía con la jefa de gobierno, a plena luz del día, frente a una de las estaciones del metro más transitadas de la ciudad y ejecutada con facilidad y total impunidad. Fue una ejecución, un mensaje y una demostración de poder del grupo criminal que la perpetró.
Se ha insistido en que este hecho tiene similitudes con el atentado que sufrió Omar García Harfuch cuando era secretario de seguridad capitalino. La única similitud es que fueron agresiones contra funcionarios de la ciudad, pero nada tienen en común: Omar era un funcionario de seguridad que estaba dando fuertes golpes al crimen en la capital del país, golpes con trascendencia nacional; había un interés marcado de esos grupos de tomar represalias; el atentado movilizó a un grupo muy numeroso de sicarios; fue una emboscada en toda la línea. En el caso de Ximena y José, no estaban involucrados en tareas importantes de seguridad, eran, sí, muy cercanos a Clara Brugada desde hace años, porque eran parte de sus áreas operativas personales. No hubo un comando, sino un tirador profesional que no desperdició un solo tiro de la carga de su pistola y que tuvo la paciencia, con la seguridad de que allí llegarían sus víctimas, de esperarlos durante 20 minutos apoyado en un poste. No había seguridad alguna que los protegiera.
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