En las últimas semanas, el debate sobre la producción de fentanilo en México ha tomado un lugar central en la agenda pública, intensificado por reportajes de medios internacionales como The New York Times, entre otros.
En particular, el reportaje titulado “Así es un laboratorio de fentanilo del Cártel de Sinaloa” pone de relieve evidencia visual y testimonios que sugieren que el fentanilo se sintetiza en nuestro territorio nacional, bajo condiciones rudimentarias pero efectivas, por integrantes de grupos delictivos. Sin embargo, la respuesta del gobierno mexicano ha sido marcada por un profundo escepticismo que plantea interrogantes importantes.
La información publicada incluye un video en el que se observa a personas manipulando sustancias químicas en una cocina casera adaptada como laboratorio. Las imágenes muestran ollas sobre una estufa con un líquido blanco hirviendo y un extractor de vapores, así como un recipiente de aluminio con un polvo azul identificado como posible fentanilo. A pesar de la falta de medidas de protección adecuadas y el carácter improvisado del espacio, el proceso ilustra la producción de drogas sintéticas con un alto valor de mercado y una muy desafortunada letalidad comprobada.
El gobierno federal, sin embargo, ha mantenido una postura de total rechazo frente a esta narrativa. Insiste en que la mayor parte del fentanilo que ingresa a México proviene del extranjero y que nuestro país actúa como un punto de tránsito y no como un productor. Este argumento contrasta con la evidencia presentada por distintas investigaciones que vinculan a cárteles mexicanos con la síntesis de esta sustancia.
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