Va por delante que debemos celebrar las coincidencias. Si entre los que aplaudieron el sexenio de Obrador y la llegada de la primera presidenta hay quienes se escandalizan por la renovación de contrato para Rosario Piedra, magnífico.
Bienvenidos al bando de los preocupados-enojados, aunque no seamos, como ellos, de los desencantados. Juntémonos en torno a lo que nos une. Borrón y cuenta nueva. A lo que sigue. Que lo que une Adán Augusto no lo separe un pasado de diferencias.
Dicho lo anterior, y para inaugurar nuestra incipiente amistad, a ver si pueden aclararnos algo. Venimos de un sexenio en el que el presidente, sin pudores, trabajó bien de cerquita con el propio AA, hombre de todas sus confianzas, y con Ricardo Monreal.
A Monreal, precisamente, se le debe que un personaje como Rosario Piedra, con su incompetencia, sus documentos falsos, sus cartas apócrifas y sus rib eyes en la oficina, haya conseguido una aprobación bastante rarita en el Senado para su primer periodo, mientras que don Adán, para referirme solo a uno de sus últimos logros, tuvo un papel importantísimo, de hecho el más importante, en que Yunes diera un bandazo y aprobara la llamada reforma al poder judicial, que es una manera cara, chamagosa y cínica de poner jueces amigos en cada uno de los juzgados del país.
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