Tomó 43 días corroborar las sospechas: hay un diputado, un senador y un presidente, y se llama Andrés Manuel López Obrador.
Esa fue la lectura generalizada en el mundo de la política tras la elección de quien encabezará la Comisión Nacional de Derechos Humanos. AMLO dio un manotazo a favor de la reelección de Rosario Piedra y noqueó a la presidenta Sheinbaum, quien impulsaba a Nashieli Ramírez. Dentro de Morena, le ganó 87-0. La votación general en el Senado fue 87-36 porque la oposición quiso darle fuerza a la presidenta. Quién lo iba a pensar: Sheinbaum contaba con la oposición para imponerse sobre AMLO. Sólo necesitaba dividir a Morena y con eso tenía los votos para ganar. Pero no. Quedó claro quién manda aquí. La muestra de debilidad más grande que ha tenido la Presidenta con A demoró 43 días de su sexenio en llegar.
Desde Palacio Nacional la instrucción había sido votar por Nashieli Ramírez. La presidenta le tiene confianza -la ayudó a salir de la bronca de la Línea 12 del Metro-, trabajaron coordinadas cuando una era jefa de Gobierno y la otra encabezaba la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, no implicaba una reelección que significa una contradicción con un régimen que está impulsando terminar con la reelección de legisladores, y además había un argumento imbatible: fue la que obtuvo mejores calificaciones de las 15 personas evaluadas para el cargo. La presidenta usó a todo su aparato de comunicación, a sus propagandistas, a sus columnistas, a sus afines, para mandar la señal inequívoca: Claudia quiere a Nashieli.
Pero López Obrador tenía otros planes. Quería que se reeligiera Rosario Piedra Ibarra en la CNDH, a pesar de ser la peor evaluada de las 15 candidatas, de la carta de recomendación falsa que incluyó en su postulación y de que ni siquiera la legendaria organización Eureka -¡de su propia familia!- la apoyaba.
La columna completa, aquí:
Manotazo de AMLO sobre Sheinbaum en la CNDH