Partido en el poder
Opinión de
Los últimos acontecimientos que rodean a Morena, el partido en el poder, han generado mucho malestar. Resulta muy fácil hacer comparaciones y decir que estamos ante un nuevo PRI, pero con acento caudillista. Es sencillo calificar o descalificar pleitos internos y ubicarlos dentro de cajones como pragmatismo y oportunismo versus valores y principios. Lo complicado es entender ante qué tipo de fenómeno estamos y cuáles son sus componentes.
Hay diversas teorías sobre cómo se comportan las organizaciones partidistas y cuál es el modelo que desarrollan: por ejemplo, se ha estudiado que los partidos políticos obedecen a la lógica del poder que Robert Michels denominó “la ley de hierro de la oligarquía”, donde cualquier organización termina dominada por una élite y un aparato burocrático. Giovanni Sartori generó un esquema para ubicar los sistemas de partidos, desde partidos únicos, hegemónicos, predominantes, pluralismo, hasta la atomización. Katz y Mair estudiaron de qué forma los partidos pueden ser de élite, de masas, atrapalotodo y cárteles. Angelo Panebianco estableció los dilemas para entender lo que pasa con un partido cuando es opositor y cuando está en el poder. Estas teorías llevan al mismo lugar: la concentración de poder no rima con la democracia.
Con el priísmo, en sus diferentes versiones (PNR, PRM y PRI), vimos durante 70 años una organización que pasó de juntar a los jefes militares a la integración en sectores corporativizados, luego fue el partido hegemónico que administró la herencia de la Revolución Mexicana y dominó los procesos electorales. Contra ese régimen se construyó una larga transición a la democracia entre 1977 y 2018. La llegada de Morena al poder debilitó la pluralidad y la equidad en las condiciones de la competencia.
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