Por narco, no por dictador
Historia de
Cualquiera que esté celebrando en Venezuela, en México, en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo la captura y encarcelamiento del narcodictador Nicolás Maduro está tonto, está ciego… o ambas. Quienquiera que se haya aliado con el Tío Sam para deponer al miserable heredero de Hugo Chávez (otro dictador) no sabe en la que se metió. Y es que en política (en este caso en específico me refiero a la política internacional) la forma es fondo y, definitivamente, la incursión estadounidense del pasado fin de semana en territorio venezolano presume varias aristas de que alguien por allá hizo un muy jugoso (aparentemente) pacto con el diablo.
De entrada, todo señala que la cabeza de turco fue la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, quien, en automático, tras la deposición de Maduro, asumió en condición de encargada todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República Bolivariana de Venezuela. La opinión pública venezolana y la internacional la acusan de haber traicionado a su jefe y a su país. Y eso, aseguran, lo va a pagar muy caro.
En lo personal, considero que es positivo que por fin Maduro no esté más al frente del gobierno venezolano. En 12 años y pico que se desempeñó como presidente en Venezuela hizo mucho daño. Empobreció a la nación, cometió una infinidad de violaciones a los derechos humanos recargado en su milicia, ordenó y consintió que decenas de miles de sus opositores fueran encarcelados, torturados y asesinados y a cambió él y su familia se enriquecieron groseramente a expensas de millones de venezolanos que cayeron en pobreza extrema.
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