Pruebas: La crisis que nadie vio venir
Opinión de
Lo dicho ayer por la Jueza Katherine Polk Failla, que lleva el caso del general Gerardo Mérida en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, en el sentido de que existen “abundantes” pruebas y por tal razón otorgó un plazo de 60 días para procesarlas y organizarlas antes de ponerlas a disposición de la defensa del acusado, generó una crisis en Palacio Nacional que no permitió a la presidenta de la República dar una respuesta sensata y estructurada.
Lo anterior evidencia que nadie vio venir una respuesta de ese calibre cuando aquel 30 de abril de 2026 la propia presidenta se aventuró a exigir al gobierno de Estados Unidos, que junto con la solicitud de detención con fines de extradición en contra de 10 servidores y ex servidores públicos del estado de Sinaloa, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza Cáceres y el presidente Municipal de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil, debería haber enviado pruebas suficientes. Peor aún, en sus discurso posteriores fue subiendo el tono de sus exigencias con la frase “pruebas, pruebas, pruebas”.
De paso evidencia que no existe un grupo de alto nivel que esté manejando esta crisis que ya rebasa un mes de duración y que debió prever qué hacer ante una declaración contraria a lo que el gobierno federal estaba exigiendo desde aquel 29 de abril del 2026:en que se hizo pública la petición del gobierno de los Estados Unidos.
No sería la primera vez que esto sucede en Palacio Nacional desde que es la sede oficial del gobierno de México y lugar de residencia del titular del Ejecutivo Federal, sin embargo en ocasiones anteriores el ex presidente López Obrador fue capaz de sortear con sus habilidades para resbalar todo y culpar a los demás de lo que afectaba a su imagen, incluyendo a su némesis Felipe Calderón.
Por esta razón, la única respuesta que ayer dió la presidenta ante preguntas expresas durante la “mañanera” del pueblo fue que tiene que ser la Fiscalía General de la República la que analice el caso y aunque no lo dijo, sí lo dejo entrever, que esa misma instancia responda a dichos cuestionamientos.
Sin embargo, no está por demás que como cualquier otra jefa de Estado y de Gobierno, la presidenta de México cuente con un equipo de “Manejo de crisis” en materia de seguridad, que no todo se desahogue en las reuniones del Gabinete de Seguridad que se realizan de lunes a viernes y no todos los días como lo maneja la narrativa, pero que en el se incluya a expertos que se atrevan a decirle a las cosas por su nombre y no solo lo que su jefa quiera oír, eso hace más daño que una pregunta lanzada por el más agudo de los asistentes a lo que ya podría considerarse como “Mañaneras del Bienestar” e incluso de parte de uno de sus más recalcitrantes opositores.
Pero como dijera el filósofo de Ciudad Juárez, esa donde hasta la senadora de Chihuahua por Morena anda diciendo que fue Calderón quien generó la violencia sin saber que fue en su gestión cuando se resolvió, “pero que necesidad”.
Que tenía que andar haciendo enojar la presidenta de la República a las autoridades del vecino país del norte con su discurso incendiario pronunciado apenas el domingo en el Monumento a la Revolución, en el sentido de que lo que hacen ya no es cooperación sino intervención, retando de paso a que presentara pruebas en contra de los funcionarios sinaloenses emanados de Morena que fueron electos por voto popular, específicamente el gobernador con licencia, el senador y el presidente municipal, esas que la Juez Polk Failla calificó de abundantes y hasta le ofreció al general Mérida Sánchez revisar para “evaluar opciones”.
En síntesis, el horno no está para bollos y eso de que para enfrentar las acusaciones de los Estados Unidos hay que tener “cabeza fría” hoy parece ser que ha cambiado a “cabeza caliente”. Como dato curioso, cabe recordar que al presidente de los Estados Unidos entre 1846 y 1849 de apellido Polk, James Knox Polk para ser exactos, fue quien durante la guerra con nuestro país le correspondió enviar a territorio mexicano a los representantes diplomáticos especiales John Slidell, Nicholas Triste y Nathan Clifford para negociar los límites territoriales, pero antes ganó las elecciones presidenciales con la promesa de anexar Texas a los Estados Unidos, eso sí que fue intervencionismo.
POR FACUNDO ROSAS R. EX COMISIONADO GENERAL DE LA POLICÍA FEDERAL @FACROSAS