Señorío Tlaxcalteca… ¿Quién será la candidata o candidato de Morena
Historia de Carlos Ramírez
Una verdadera crisis de viabilidad del Estado se está incubando alrededor de la reforma judicial: las mayorías calificadas de las dos cámaras aprobaron el método para renovar la estructura del Poder Judicial y la mayoría de los ministros decidió analizar la posibilidad de bloquearlo.
Se trata de un juego político de suma cero: un Poder gana y el otro Poder pierde. El centro del debate carece de una argumentación contundente: el Legislativo dice que no se modifica la independencia judicial, sino que solo cambia el método de designación de jueces, magistrados y ministros para pasar de la designación política a la votación popular; y el judicial argumenta que el método haría perder la imparcialidad en la función de la justicia.
El problema de fondo radica en el hecho de que antes de la reforma los ministros se designaban a propuesta presidencial y con mayoría calificada en el Senado, donde el PRI había perdido el control de las dos terceras partes de senadores; la elección del pasado 2 de junio le dio mayoría calificada a Morena y aliados para aprobar una reforma judicial sin negociar con la oposición.
Ambas partes tienen razones subjetivas: Morena ha argumentado que el judicial nunca ha sido independiente y depende de los poderes fácticos, en tanto que los ministros opositores a la reforma, que fueron designados por decisión presidencial y votados por la alianza PRI-PAN, argumentan obedecer a su conciencia.
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