Por Albino Rubio Moreno
Se ha llegado a comentar que, desde diversos espacios informativos, se inició una campaña de desprestigio en contra del Coordinador de Comunicación de Tlaxcala, Octavio Ortega Velio Mejía. Es una frase que me ha llamado la atención, pues si bien es cierto que se han sumado voces para criticar su trabajo, nunca ha sido la intención “exhibir” sus notorias deficiencias.
La crítica, por su naturaleza, es un ejercicio incómodo. Nadie disfruta ser cuestionado, especialmente en el ámbito público. Pero la crítica es también un motor de mejora, un espejo que nos permite ver nuestras debilidades y corregir el rumbo, cuando estamos consientes de nuestros propios errores.
Un gobierno no es infalible a la hora de comunicar y sus especialistas, con la sensibilidad que cada reto les presenta, tienen que reconocer sus áreas de oportunidad, con la objetividad que amerita cada caso en concreto.
A quienes nos dedicamos a los medios, nos corresponde hacer precisamente eso: observar, analizar y, en su caso, criticar. No somos jueces, ni tampoco tenemos la intención de “exhibir” a nadie. Nuestra labor es informar, analizar y generar debate, y si en ese proceso se genera incomodidad, es porque algo no está funcionando como debería.
Si al Coordinador de Comunicación de Tlaxcala no le gusta su trabajo, si no le gusta la crítica, si considera que su labor es impecable y que no se le debe cuestionar, tiene la libertad de dejar el puesto. Nadie lo obliga a estar ahí.
Pero si piensa que cerrando la llave dejará de regarse el agua, que se revise bien los empaques y de paso, la tubería. Las fugas de información, como las de agua, son un problema que se debe atender de raíz. No se trata de silenciar a la prensa, sino de mejorar la gestión, la comunicación y la transparencia.
Hasta ahora, los resultados hablan de su desempeño al frente de la Coordinación de Comunicación. Tiene más negativos que positivos y su permanencia al frente de la dependencia está comprometida de cara al Tercer Informe de Gobierno. Y eso, es un lujo muy caro que no se puede dar.
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