Sheinbaum decidió asistir a Río de Janeiro, Brasil, a la Cumbre del G20. Ahí estuvieron las veinte potencias económicas del mundo, y nuestro país es una de ellas. Nada se ganaba con autoexcluirnos. Muchas oportunidades se dejaron pasar por minimizar la relevancia de esos espacios.
Nuestro país es uno de los más grandes en tamaño, población y en términos económicos. Es uno de los pocos de esa magnitud, además, gobernado por una mujer. Sheinbaum debía estar en el foro y estuvo. Fijó su agenda, avanzó en sus temas (medio ambiente, sobre todo, proponiendo la implementación de Sembrando Vida en el mundo), pero principalmente regresó a México a la primera división en el concierto internacional.
Dejar el asiento vacío habría sido un desperdicio. Se pensará que se gana poco hablando en una Cumbre en la que casi nada se acuerda, pero hay enorme utilidad en los encuentros bilaterales. En menos de 24 horas, la Presidenta se reunió con el presidente de EU, Joe Biden; de China, Xi-Jinping; de Francia, Emmanuel Macrón; de Brasil, Lula Da Silva; de Chile, Gabriel Boric; de Colombia, Gustavo Petro; con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Nada mal.
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