Opinión de
El tono es más suave. El fondo es más duro.
En 100 días, la presidenta Sheinbaum ha demostrado que, sin aspavientos ni exabruptos mañaneros, está consolidando el régimen autoritario. No es sólo la instrucción heredada de su padrino político. Es también convicción propia. La voracidad personal de la presidenta quedó demostrada en la ley de supremacía constitucional de Morena. Ni al AMLO más autoritario se le había ocurrido esa. AMLO y Sheinbaum comparten la idea de que la democracia se usa para acceder al poder y luego desde arriba se destruye para permanecer en él. En ningún lugar del mundo se considera democrático hacer una Reforma al Estado sin el consenso de la oposición. Y en México la están haciendo. En 100 días desaparecieron los órganos autónomos y aprobaron una reforma al Poder Judicial que fue criticada hasta por sus especialistas afines, incluso antes de que arrancara un proceso que por tropezado, desaseado y fraudulento, deja claro que tiene como único objetivo apuntalar los intereses del partido en el poder.
En 100 días quedó demostrado el aplastante músculo político de Morena. Pero también en 100 días explotaron los desafíos que no se controlan por mayorías en el Congreso: seguridad, economía y Trump.
100 días han servido para exhibir que los pactos políticos con el narco están cobrando factura y que —mitad por convicción y mitad por presión de Trump— en este gobierno se están sustituyendo los abrazos por balazos.
En 100 días está quedando claro que a la presidenta le dejaron la economía con alfileres: deuda de 6 billones, calificadoras amenazando con bajar la calificación, el peor crecimiento sexenal en 30 años, el peor despido de trabajadores en fin de año desde hace una década, el dólar 4 pesos arriba, la bolsa 15% abajo, Pemex peor que antes, y un listado de obras y proyectos caros e inútiles para los que no hay presupuesto que alcance.
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