Sheinbaum. Cuando la realidad supera a la retórica
Historia de Antonio Ocaranza Fernández
La presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que enfrentar una verdad incómoda: buena parte de la retórica que ha sostenido a la Cuarta Transformación choca hoy con los límites materiales del país. En los últimos meses se acumulan los casos en los que su gobierno ha debido matizar —o de plano revertir— banderas que fueron emblema del lopezobradorismo: el rechazo al fracking, la exportación de petróleo a Cuba, la supuesta superioridad en materia de honestidad y la lucha frontal contra la corrupción.
Las limitaciones que enfrenta el gobierno de la presidenta Sheinbaum provienen de tres fuentes muy concretas: el débil desempeño económico, las limitaciones del propio aparato gubernamental y la presión constante de Estados Unidos.
1. La ideología restringe el crecimiento. La economía mexicana ha tenido un arranque de año decepcionante y, para empeorar el panorama, la situación en Medio Oriente ha obligado al gobierno a sacrificar ingresos para sostener subsidios a los combustibles y a reconsiderar opciones antes descartadas, como el uso de métodos no convencionales para explotar yacimientos de gas natural y resolver la dependencia histórica que México tiene del gas de Texas. Que el gobierno de la Cuarta Transformación no haya buscado alternativas para atender esta vulnerabilidad estructural solo se explica por el dogmatismo lopezobradorista con respecto al fracking.
2. Un gobierno que tropieza con la verdad. Para un movimiento que hizo de la honestidad su principal bandera, algunos episodios recientes han sido particularmente costosos. El derrame de petróleo en el Golfo de México evidenció una reacción defensiva y poco transparente: lo que inicialmente se calificó como “emanaciones naturales” terminó siendo un desastre atribuible a Pemex, conocido por funcionarios de la empresa desde el inicio y ocultado a su Director General y a la Presidenta de México. Algo similar ocurrió con el informe de la ONU sobre desapariciones forzadas: la descalificación automática del diagnóstico proyectó a un gobierno más preocupado por controlar la narrativa que por enfrentar el problema.
La presidenta Sheinbaum enfrenta márgenes de maniobra cada vez más acotados: una economía que no despega y un vecino del norte que, semana tras semana, le recuerda la asimetría real de la relación. Encara así una disyuntiva central: ajustar el discurso a la realidad o seguir intentando forzar la realidad al discurso. Ambas rutas implican un alto costo político en credibilidad, dentro de la Cuarta Transformación y frente a la sociedad mexicana. Pero, a diferencia del discurso, la realidad no se negocia. _____
Nota del editor: Antonio Ocaranza Fernández es CEO de OCA Reputación. Síguelo en X como
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