Señorío Tlaxcalteca… Armando Contreras no garantiza la imparcialidad
El Bestiario…Tlaxcala: El fracaso del protocolo: Linchan mientras el gobierno observa
Opinión de Edgar García Gallegos
No hay justificación posible para que alguien prive de su libertad y abuse sexualmente de una menor de edad. Es un crimen que destruye vidas. Y aunque hay quienes aseguran que el acusado «recibió lo que merecía», lo cierto es que vivimos —o deberíamos vivir— bajo un estado de derecho.
Rodrigo N., señalado por presuntamente raptar y violentar a una niña de 11 años en San Miguel Xochitecatitla, Nativitas, fue linchado en plena vía pública. Frente a todos. A plena luz del día. Y frente a policías municipales, y estatales, que no hicieron nada para evitarlo.
La escena fue tan brutal como reveladora. Porque lo que quedó al descubierto no fue solo la rabia de una comunidad indignada, sino el colapso absoluto de las instituciones encargadas de garantizar la ley y el orden.
¿Dónde quedó el tan anunciado “Protocolo de Actuación Policial para Intentos de Linchamiento”? Ese que la gobernadora Lorena Cuéllar firmó y presumió en enero de 2023, rodeada de presidentes municipales y funcionarios que prometieron coordinación y acción inmediata. La realidad se encargó de evidenciar la ficción burocrática: los tres anillos de seguridad, la figura del negociador, la supuesta intervención eficaz… todo fue papel mojado.
Mientras la comunidad cerraba carreteras, suspendía clases y cometía un homicidio colectivo, el Estado permanecía como un simple espectador, sin control, sin autoridad, sin reacción. Solo quedó el cuerpo de un hombre tirado en la plaza, y una pregunta que arde: ¿Quién imparte justicia en Tlaxcala? ¿Las instituciones o la furia?
En ese vacío de autoridad, ¿qué queda?
Miedo. Desconfianza. Justicia por mano propia.
El Estado no solo no llega a tiempo: ya ni siquiera se le espera.
¿Y la gobernadora? Firma protocolos, da discursos y apela a una coordinación que no se ve por ningún lado, mientras la violencia sigue dejando cadáveres en las plazas públicas.
Si este es el resultado de su estrategia de seguridad, algo no funciona.
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