Señorío Tlaxcalteca… Armando Contreras no garantiza la imparcialidad
Pleitos entre presidentes
El texto, como él mismo señala, se basaba en un discurso que pronunció en septiembre del año pasado durante la conferencia anual de la International Bar Association reunida en la Ciudad de México, donde reaccionó a los argumentos de que la nueva reforma corregiría la que había realizado Zedillo en 1994 que, alegaban, no había llevado a una mejor justicia sino a la construcción de un sistema de privilegios. El ensayo actualiza aquel documento, leído mientras se terminaba de aprobar la reforma judicial en los congresos estatales, donde pasó del intento de “transformar nuestra democracia en tiranía”, a describir el tránsito de la democracia mexicana, de la que se asume parte central, a una autocracia.
No hay diferencias de fondo entre los dos textos, pero la reacción fue diferente. Quizás porque Sheinbaum aún no era presidenta, o porque esta semana necesitaba de una figura sobre la cual descargar su arsenal retórico para cambiar la conversación pública, que le estaba resultando negativa. La forma como lo hizo Sheinbaum siguió el manual de su mentor Andrés Manuel López Obrador: sin ir al fondo del tema, navegar superficialmente, y descalificar a la persona y referirse con sorna incluso, al decir despectivamente: “Ahora resulta que es un paladín de la democracia”.
La columna completa, aquí: