Vértice Político… El COBAT: de institución educativa a centro de reciclaje político
Opinión de Aurora Solís
¿Usted recuerda al Colegio de Bachilleres del Estado de Tlaxcala (COBAT) en sus mejores tiempos? Cuando ser parte de su estructura directiva era motivo de orgullo, cuando las y los trabajadores sabían que contaban con sindicatos que realmente defendían sus derechos y no se doblaban ante el gobierno en turno. Hoy, el panorama es otro: el COBAT se ha convertido en el refugio perfecto de quienes han sido despedidos o desplazados de otras dependencias estatales. Un cómodo rincón donde las fichas caídas encuentran nueva vida… y sueldo.
La decadencia empieza desde arriba. El director general, un poblano que sabe del COBAT lo que yo sé de aerodinámica, parece más un operador político (fallido) que un verdadero conocedor del sistema educativo medio superior. Lo que quiere y para lo que es bueno según él, es para la cantada. Y no lo digo solo por decir, sino por los recientes movimientos de directores y directoras de plantel, que dejan claro que el mérito ya no importa, que ahora lo que vale es a quién conoces… o a quién le hablas por teléfono.
Un caso escandaloso es el de la nueva directora del Plantel 05 de Panzacola. Una mujer ampliamente conocida no precisamente por sus logros académicos o administrativos, sino por su afición al humo de la “María Juana” y por sus dudosas relaciones con proveedores cuando trabajaba en la oficialía mayor. Se dice que no dura en ningún lado porque nada le gusta, pero eso sí, le encanta marcarle a su “papi” político (del que ya nadie se acuerda cuál fue su último hueso) y ¡zas! Cambio inmediato de plaza. Hoy aterriza en el COBAT como si este fuera su espacio de ensayo.
Pero la cosa no termina ahí. En medio del ruido por el trampolín que fue el COBAT para un personaje ya conocido –ese que ahora ya juez penal y que ha sido exhibido hasta el cansancio en redes sociales por su falta de ética, preparación y vergüenza– se dice que llegará en su lugar otra joyita: la exfuncionaria de la Secretaría Administrativa de la SEPE-USET, aquella que fue evidenciada por fea, ¡ah no verdad! porque le gusta la uña, y que se auto liquidó con casi medio millón de pesos tras su brevísimo paso por la UPTx. La misma que presume tener horas de inglés en el COBAT, aunque no lo hable, y no sepa ni como se dice Hello pero eso sí, fue a un “intercambio cultural” y con eso ya se siente académica internacional, y que hace unos meses anduvo por los Estados Unidos con el dinero de la USET ya ni el Homero.
Como bien dicen: un mal docente no solo arruina a un alumno, sino a toda una generación.
Y es que, en verdad, parece que la Número Uno no se cansa de tropezar con las mismas piedras. Rodeada de un clan de mujercitas que se llenan la boca de decir “mi Gobernadora” pero que ya comienzan a despotricar porque, según dicen, se les ha pedido “el diezmo”, es decir, una parte de su sueldo como cuota de lealtad. ¿Dónde quedó el discurso de honestidad, de transformación, de mujeres comprometidas con el servicio público? Aquí lo que hay es improvisación, redes de favores, y una gobernadora que parece no entender que su obstinación por proteger a las peores solo sigue deteriorando instituciones ya bastante golpeadas.
El COBAT merece respeto. Lo merecen sus estudiantes, lo merecen sus docentes, lo merece la historia que alguna vez fue motivo de orgullo en el sistema educativo de Tlaxcala. Pero hoy, entre marihuanadas, arribistas que se dicen docentes bilingües, jueces sin vergüenza y cuotas disfrazadas de lealtad política, no queda más que preguntarnos: ¿cuántas generaciones más tendrán que pagar el precio de este circo?
Nos leemos en la próxima entrega de esta bonita y cada vez más indignada columna.
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