Presidir no es gobernar
¿Hay por fin límites al abuso y desvío de fondos públicos para quienes ejercen cargos en la administración pública? ¿Se sabe de investigaciones firmes, persecución de presuntos responsables o sanciones ejemplares por actos de corrupción? Nada de eso. Hoy llega a extremos intolerables, como conductas que permean y se generalizan en los tres niveles de gobierno.
Sigue ganando fuerza la noción manifestada por Trump y compartida por gran parte del establishment político de Estados Unidos que en México hay un narcogobierno, donde campea la corrupción y el control en varias regiones del país lo ejercen bandas de la delincuencia organizada que medran con la extorsión y sojuzgan a la población y han utilizado a dos bancos y una casa de bolsa para lavar dinero.
En vez de acciones consistentes y posturas firmes ante la ilegalidad y la corrupción, se envían señales contrarias a cualquier buen propósito de enderezar el rumbo. A los malos servidores no sólo se les perdona, también se les promueve y se les premia por su lealtad al régimen.
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