Cayeron las máscaras en el INE
La metáfora del “elefante en la sala” hizo caer las máscaras de los seis consejeros del Instituto Nacional Electoral que, contra los votos de cinco independientes del obradorato, validaron la elección más excrementicia de que se tenga memoria.
El 15 de junio, uno de los respetables integrantes del Consejo General, Arturo Castillo, había puesto el dedo en la farsa:
“Quiero referirme al elefante en la sala del que nadie quiere hablar, los acordeones. Se trata de posible propaganda ilícita pagada con recursos prohibidos. Constan denuncias por la distribución de por lo menos 37 modelos de acordeones presuntamente distribuidos en 15 entidades. En los cargos nacionales, las candidaturas ganadoras estaban incluidas en 80 por ciento de los acordeones y en los cargos de las salas regionales en 85 por ciento (…). Se trató de una estrategia propagandística dirigida a beneficiar a las mismas candidaturas…”.
El jueves 26, el consejero Uuc-kib Espadas cometió la majadería de hacer befa y mofa de lo dicho por Castillo para intentar minimizar la trampa y confrontar los demás argumentos de quienes rechazaron validar la patraña del 1 de junio:
“Pretender que ese acordeón es un instrumento más poderoso que la mismísima flauta de Hamelin que determinó la elección, es francamente fantasioso”, dijo, y se pitorreó de las razones de sus pares no morenianos apoyándose en artilugios de feria, entre otros un globo de gas con forma de elefante, para burlarse de lo que calificó “poco serio o fantasioso”.
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